Saturday, February 28, 2015

'Whiplash', en la búsqueda del nuevo Bird.


Cuando ’Whiplash’ comenzó ganando el primer Oscar en la noche de ceremonias de Hollywood y siguió cosechando más estatuillas, pensé, ‘parece que esta película será la que de la gran sorpresa de la noche’. No la había visto, por diversas razones, por falta de tiempo, información y más recursos económicos. No se puede ver todas los films que uno desea, no es cierto? Bueno, al final la historia escrita y dirigida por Damien Chazelle sólo se quedó con tres premios: mejor actor de reparto, mejor montaje y mejor sonido.

Son premios muy importantes y muchos lo deseaban ganar. Cuando la televisión acabó con la emisión de la ceremonia supe que la próxima película que vería sería precisamente esta: Whiplash. “Baquetazos” traduciendo el título (como recordarán, los palos que se usan para tocar la batería se llaman baquetas) y es precisamente de música, de jazz, de músicos  y de la lucha de un percusionista joven por ser alguien en este mundo es de lo que trata esta historia.

El actor Miles Teller hace el papel de Andrew Neyman, un joven talentoso que decide ir a uno de los conservatorios más prestigiosas de los Estados Unidos a estudiar percusión. En sus clases tendrá que lidiar con el crítico y severísimo profesor Fletcher para lograr ser la estrella de la batería que pretende ser. Fletcher (J.K. Simmons, el actor de reparto ganador) es un obsesionado músico que muchas veces usa el maltrato físico y mental de sus pupilos para sacar lo mejor del talento que poseen. Su objetivo puede ser válido, sus métodos son tremendos.

Flechter quiere que la música no se comercialice y pretende con sus métodos sacar al nuevo genio de la música estadounidense. ‘Si desean ser músicos saquen lo mejor de sí, de lo contrario creen un grupo de rock’, les grita a  sus alumnos. Siempre les habla a sus pupilos de como Charlie Parker llegó a ser una leyenda. El profesor reitera la anécdota vivida por Parker cuando al inicio de su carrera casi recibe el golpe de un plato, el mismo objeto que uno de los músicos famosos le tiró por desentonar. Bird, el gran saxofonista, no usó lo ocurrido como queja, lo usó como aliciente para practicar y llegar a ser el mejor saxofonista de todos los tiempos.

En las aulas, los estudiantes llegan a temer al profesor dictador, pero saben que con él, sólo con él, podrán ser los músicos que sueñan ser. La admiración se confunde con odio y miedo, la perfección se exige, hay que aprender a verla y entenderla, hay que persistir en eso y sí hay que repetir hay que hacerlo hasta lograrlo. De esa inestabilidad, de ese caos se espera que surja como ‘Bird’ (Parker) el próximo genio de la música. La estructura de la historia te lleva paso a paso hasta la cima. El avanzar resulta un verdadero sacrificio. Cuando el joven talentoso considera que ya esta pisando en terreno firme, el professor le presenta un nuevo reto y tras el primero viene el segundo y luego el tercero. Claro, muchas veces la presión te empuja tan fuerte que te derriba. Más aún a un joven que recién comienza a conocer y expresar sus emociones musicales.

Whiplash, desde que se hizo como un cortometraje para llamar la atención de los inversionistas, gustó. Fue sensación en el Festival de Sundance y logró interesar a algunos que decidieron poner su dinero hasta que se filmó con un presupuesto de más de 3 millones de dólares. Su guionista y director Damien Chazelle recuerda que su film de 107 minutos se comenzó a gestar en la escuela secundaria donde estudió. El director de la banda de músicos era temido por su severidad y perfeccionismo.  

La película es sencilla (suele parecer siempre así cuando la vemos en la pantalla, muy bien editada y con los sonidos en armonía, sin dejar de lado la buena fotografía a tono con la atmósfera y los escenarios en los que vemos transcurrir la historia). Whiplash es muy minimalista, son unos pocos actores los que interactuan alrededor del estudiante y del profesor. Están algunos otros estudiantes del conservatorio que al buscar ser profesionales sufren también los embates perfeccionistas del temido Fletcher. Por el lado del joven percusionista esta el padre, que es el único que se encarga del cuidado y la educacion de su hijo. Una novia de quien el joven estudiante se desliga por tener en mente que desea ser el más grande percusionista del jazz en los Estados Unidos. Algunos familiares y amigos que se sienten superiores al joven músico por tener los hijos talentosos que juegan en los equipos deportivos de sus respectivas universidades. Son todos estos pocos personajes quienes a través de los diálogos ayudan a descubrir como la filosofía del severo profesor ha ido calando hondo en la mente de su joven promesa. Hay una ruptura entre maestro y pupilo, entonces Fletcher es quien debe alejarse del conservatorio. Decide entonces tocar en un bar junto a su pequeña banda. En el bar, los protagonistas se vuelven a ver y terminan reunidos finalmente en un concierto en el gran auditorio donde tendremos la escena final apoteósica del film.

Los diálogos empujan la acción, ante la inseguridad del percusionista y los nervios que no le dejan tocar algunas coordenadas, el professor usa un recurso final, decirle que lo han expulsado del conservatorio por la denuncia del pupilo. Lo ocurrido no importa sí al final tendremos a uno de los mejores cultores de la música tocando para el deleite del mundo. Los hombres tenemos que perdonar cuando las causas son justas.

En Whiplash se combina muy bien el trabajo de un talentoso y viejo actor con el de otro, joven y pujante. Para J.K. Simmons espero que sigan las buenas actuaciones en el cine y para Miles Teller sin duda se abre un mundo de muchas oportunidades. Como Andrew, Teller sabe ahora que hay que darle con ganas a eso que precisamente nos gusta hacer, no importa si en el camino te tiran platos o de embiste un coche, hay que pararse y dar pelea. Whisplash es un baquetazo tremendo, despertador y esperanzador. Con poco logró mucho. Vale la pena verla.

Tuesday, February 24, 2015

Padre e hijo. El monje y el filósofo


‘La meditación es un método para disciplinar y aplicar antídotos específicos a las diferentes emociones negativas. No es sólo sentarse por un momento para lograr el beneficio de la calma. Meditación es una aproximación analítica y contemplativa que permite entender el funcionamiento y la naturaleza de la mente para ver las cosas con claridad. La meditación consiste en saber cómo usar el entendimiento adquirido para ganar una gran apertura de la mente y convertirse en un mejor ser humano’.

Esto es lo que dijo el monje budista Mathieu Ricard a su padre, cuando tuvieron una larga entrevista en Kathmandu, Nepal, en 1998. El diálogo se hizo libro y se publicó bajo el título “El monje y el filósofo”.

El pensador francés Jean Francois Revel estaba interesado en conocer por qué su hijo rompe con la posibilidad de un futuro prominente en la genética molecular para convertirse en un monje tibetano.
¿Qué es precisamente el budismo? Se preguntaba entonces ¿religión o filosofía? Dándole vueltas y vueltas a las respuestas que le da su hijo, Revel (quien adopta ese apellido desde la Segunda Guerra Mundial) llega entonces a dar con la posible respuesta.

‘El budismo es rechazado por las religiones como una filosofía atea, una ciencia de la mente y los filósofos la tildan de religión. Sin embargo, el budismo es una tradición metafísica que aplica sabiduría en cada instante y en todas las circunstancias que pasan. No es un dogma. La verdad debe ser descubierta de forma progresiva a través de etapas sucesivas en el camino que nos guía a la realización espiritual’.

*(Es como pelar una cebolla, con paciencia y dedicación, no importa que te ‘ardan’ los ojos, uno tiene que llegar a ver en la esencia, la verdad que se esconde entre los pliegues). Nota personal y de ejercicio meditativo.

Budismo es puente entre religión y filosofía, dice Revel. Respecto a la decisión de dejar el mundo científico y el Instituto Pasteur en París, Mathieu Ricard comenta que pese a la excelente educación que tuvo aún sentía un vacío que tenía que llenar. Es por esa razón q después de terminar sus estudios, parte a Tibet para buscar la enseñanza de los mejores maestros budistas, aquellos que combinan sin contradicción el buen arte de ser, pensar y actuar.

Meditación.

La meditación es un método a través del cual podemos liberar un pensamiento negativo observando desde la raíz su completa falta de sustancialidad. Los pensamientos negativos nos hacen daño y destrozan también nuestra paz interior. Los budistas usan metáforas muy simples para explicar sus maneras de proceder. Acabar con un pensamiento negativo en una mente entrenada es como deshacer un arcoiris. Para eso se requiere practica constante. Cuando te entrenes alcanzarás la destreza de un jinete tibetano que montado en su caballo a galope se estira hasta el suelo para recoger un objeto del suelo, sin caerse.

¿Cómo comenzar a meditar? Sentado con comodidad se respira con pausa y atención y se comienza a pensar en una persona que uno ama, se busca llenar la mente y el corazón con ese amor, luego rompes las cadenas que restringen ese amor y lo riegas en beneficio de todos, incluso de aquellos que pudieran ser considerados enemigos. Son enemigos porque sufren (hay que recordarles que se han dejado avasallar por el odio, la envidia, el resentimiento, los celos y cuanto pensamiento negativo se presente, y, como están envueltos en esa vorágine, no pueden ver con claridad). Tenemos que recuperar al perro que va ladrando y mordiendo a quienes encuentra en el camino.

Existen 84 mil caminos de aproximación para percibir la verdadera naturaleza de la mente, según los budistas. Todos comienzan en un punto de acuerdo al carácter, la dispocisión, el intelecto o la creencia.

Hace mucho un cazador se convirtió en un monje luego de acabar con su presa. La venada a quien le incrustó una flecha, luchó por vivir por un espacio breve de tiempo, sólo para hacer un último esfuerzo y alumbrar a su cría. Cuando hubo parido, la venada, herida de muerte, pasó una y otra vez su lengua por el cuerpo del cervatillo hasta que lo vio erguido, luego murió.

¿Quienes somos? ¿qué es la vida? ¿Cuál es el sentido de la vida? Debieron ser las preguntas que golpearon en la mente del cazador, quien rompió las flechas y su arco, arrojó su carcaj y decidió vestir los hábitos de monje para alcanzar las aproximaciones a esas preguntas.

Hay que entender que todo comienza con un pensamiento que va creciendo e hinchándose como una nube tormentosa. ¿Qué hay detrás de una nube de tormenta? Nada. Cuando uno descubre eso, todo se evapora. Ojo, no se trata de bloquear los malos pensamientos, es simplemente mantenerse en un estado de claro y paciente entendimiento en el presente, en ese momento los pensamientos se calman de manera natural.

*(Cuando el río crecido baja, viene turbio, muy sucio, hay que sentarse a limpiar eso con paciencia, humildad, dedicación y amor. Cuando el agua se limpia, vemos no sólo el agua clara, sino todo lo que hay en el lecho del cauce. Los budistas llaman a esto purificar y disolver). Nota personal de ejercicio meditativo.

Todo momento es bueno para meditar. Dentro del malestar o la incomodidad hay algo que pugna por salir y decir la verdad. Para alguien con gran fuerza de mente y buena estabilidad en su practica espirutual puede usar incluso los momentos más intensos de sufrimiento (una enfermedad incurable, por ejemplo) para hacer progresos hacía su iluminación final. Un despertar sorprendente.
Hay que ir a la raíz del problema, por eso los budistas aconsejan meditar como león, dejando de ser un perro juguetón. Vuelven a las metáforas para hacerse entender. “Si alguien le tira una ramita a un perro, este va, lo recoge y lo devuelve, una y otra vez. Si alguien le tira una ramita a un león, éste se levanta y acaba con el que tira la rama. Termina con el problema”. Traduciendo, les diré: uno se apega a los conflictos, juega con ellos. Cuando uno corta la rama, estos vuelven a crecer, hay que cortar el árbol de raíz.

Psiconálasis y budismo.

El hombre sufre por una tremenda desatisfacción que se combina con dolor físico, pero primero es una experiencia mental. El sufrimiento aparece cuando el ‘yo’ se siente amenazado por lo que desea y no puede conseguir. A veces exige tanto y nunca se sacia. Y siempre nos mantiene en un estado de confusión e inseguridad. Las raíces negativas de nuestras emociones son percepciones que tenemos de nosotros mismos. Y ¿dónde esta el yo? No existe si lo vemos bien. Es como el diablo, que no existe realmente. Es una suerte de alucinación, el demonio existe en una vía ilusoria. Es algo que aparece, pero eso no significa que exista. Hay que acabar con esa ignorancia.

Los psicoanalistas tratan de ver una película que aún no aparece. Sigmund Freud quería ir a la profundidad de un problema, usando su intelecto. Pero nunca se concentró en soledad para contemplar y observar su mente. ¿cómo pueden los psicoanalistas ayudar a los otros sin darse cuenta de la profunda naturaleza de la mente sin haber observado las suyas?

Cuando tu entiendes que los pensamientos son sólo la simple manifestación de una mente consciente, los pensamientos pierden su consistencia. Son inconscientes realmente. La practica hace que te liberes de manera natural. Si aparecen, desaparecen. Es como dibujar en la arena junto al mar.

Para terminar con los malos hábitos, ese juego de atracción y repulsión al que nos hemos acostumbrado tanto, observen, no basta planchar el papel arrugado por años. Hay que destruir sin dejar rastro, cortar desde la base. Hay que parar un mal pensamiento antes de que se convierta en acción.

Si un objeto es visto por cien personas, es como cien reflexiones en cien espejos. La percepción de un objeto como deseable o indeseable no reside en el objeto en sí, sino en la forma como lo percibimos. Y eso nos recuerda un dicho zen: ‘Para el amante una bella mujer es una fuente de placer, para el asceta una distracción, para el lobo una buena comida’.

Los sedimentos en el inconsciente no son rocas, es hielo que se derrite con el calor de la sabiduría.

Ojo, existen personas que necesitan ir al psicólogo.

Sunday, February 15, 2015

Ida, la fe en blanco y negro.



Ida, la película polaca de Pawel Pawlikowski viene a competir a los Estados Unidos presedida por una serie de premios importantes que la ubican entre las favoritas para ganar el Oscar a mejor film extranjero. Recién hace apenas unos días ganó el premio Goya de España y antes se hizo acreedora de los premios en Londres, el de Toronto y el Sundance, sin mencionar otros más.

Ida es una película en blanco y negro. Es un drama minimalista que cuenta la historia de una joven que debe dejar el convento para visitar a su única familiar con vida, antes de tomar los votos finales y convertirse en monja católica. La madre superiora se lo ordena y le informa brevemente que la tía no pudo venir antes por sus múltiples ocupaciones.

La novicia Ana (aún no sabe su verdadero nombre) deja el convento y va en busca de su tía, pero vaya sopresa, la encuentra ocupada con un parroquiano en casa, fumando y en bata. El hombre es un desconocido que apenas dice unas palabras antes de dejar la cama y marcharse. La tía es una procuradora comunista de la Polonia de 1962 y es además alcohólica.

La tía Wanda Gruz va de frente al grano y le informa a su sobrina que su verdadero nombre es Ida y es judía. Al termino de la Segunda Guerra Mundial alguien la dejó en el convento y desde entonces fueron las hermanas católicas las que se han encargado de ella. Ida entonces quiere conocer donde están enterrados sus padres. La tía que no ha tenido en valor hasta entonces de enfrentar la verdad, decide acompañar a su sobrina previniéndole que en ese lugar no existe el Dios en el que ella cree.  

No les contaré la trama completa con el afán de motivarlos a que vean la película. Lo que sí deseo contarles es algunas apreciaciones que me dejó el trabajo de Pawlikowski. Para mí el blanco y negro es un reto y los realizadores del film han logrado dar con el tono exacto que buscaban. Si vamos a ver algo que nos refiera a una historia de fe, no hay más que dos colores: el blanco que puede significar lo bueno y el negro que puede asociarse a lo malo.  (Una digresión. En ocasión que Francis Ford Coppola hizo ‘Tetro’, el director estadounidense contaba que se dejó de filmar en blanco y negro por exigencia de un ‘genio’ de la televisión comercial que no deseaba que su canal se asociará a falta de adelanto o algo que se entendiera como tal. Ford Coppola decía entonces que el b/n en el cine tenía que retomarse y empezar a producirse más películas en ese formato).

Pawel Pawlikowski dice que el film armado y exhibido como la vemos en pantalla parece sencilla, pero agrega que la historia nace del caos. Precisa el cineasta que en primer lugar tenía a una monja joven que debía lidiar con su fe antes de tomar sus votos definitivos y por otro lado quería entender la historia de una mujer que exhibiendo una cara buena por fuera en el fondo esconde a otra mucho más terrible. Cuenta que durante algún tiempo de su vida iba a tomar café con una compatriota en Londres, pero que después de algunos años supo por las noticias de la BBC que el gobierno polaco estaba pidiendo su extradición por una serie de actos atroces que la mujer había cometido. Darle la vuelta a todo esto y armar la historia que nos presenta, tomo un tiempo y que gracias al trabajo compartido con el guionista se fue articulando mejor, refiere el director.

Polonia cambió mucho y yo deseaba contar algo de la Polonia de mi pasado, por eso decidimos ambientar la película en 1962. Para situar mejor el drama viajamos mucho hasta que encontramos una localidad alejada que habia sido abandonada por las autoridades y se mantenía como en el pasado. Además quería que hubiera mucho de la música que escuchaba en mi juventud y opté por la banda de jazz que aparece en el film, comenta el director.

Les decía que la historia es minimalista porque sólo se circunscribe a Ida y a su tía. Los diálogos son breves y muy informativos que nos permiten saber hacía donde vamos con el film.

‘Un día jugando con los encuadres, decidimos dejar un espacio arriba y por eso se ve ese tipo de fotografia que vemos en el film con mucho techo, señala el director. Dar con la actriz principal fue un golpe de suerte. Para el papel se hizo un casting con alrededor de 500 actrices y ninguna nos convenció, hasta que un día un miembro del equipo llamó desde un café para decir que tenía a la joven que podía ser la protagonista. Nunca había actuado, pero cuando se hicieron las pruebas, Agata Trzebuchowska convenció’. Todo el conflicto se ve reflejado en los ojos por encima del rostro. Para dar un ejemplo, cuando la joven monja observa como sus compañeras de convento se bañan, ella ve la sensualidad que se esconde y se diluye a través de sus batas transparentes.

La sensualidad del film es también minimalista, lo vemos cuando Ida decide enfrentar su vida mundana vistiendo la ropa y los zapatos de taco de la tía, ella se envuelve en la cortina de la ventana y al cortorsionarse la vemos entrando en un mundo distinto y muy sugestivo.

Ida pese a mostrar una personalidad ingenua, tiene una gran fuerza. Algunos han señalado que el ritmo de la película es el ritmo que le pone la personaje principal. Si uno pone atención, Ida fuerza a la tía a ir con ella al pueblo para enfrentar a esos católicos polacos que durante la época de ocupación nazi se han aliado con el enemigo y han decidido matar a los judios de la zona para quedarse con sus propiedades. La tía lo sabe, pero hasta antes de la aparición de Ida no ha movido un dedo. Ha sido sí muy sanguinaria con quienes lidió en la corte de Justicia y ha tomado decisiones extremas pidiendo penas capitales contra los que entonces se llamaban ‘malos camaradas’, pero no ha sido capaz de enfrentar a quienes le quitaron lo suyo por temor a enfrentar la verdad de su propio hijo muerto, tema del que se siente muy culpable. La culpa del abandono hace que ella tenga una vida sin sentido y el único refugio o remedio que encuentra es el del alcohol.

La película ofrece una lección de composición dramatica, por ratos se parece a un documental. La historia pareciera terminar cuando descubren los esqueletos enterrados de sus seres queridos, pero vamos más allá, porque lo que importa es saber que pasa con la fe de la novicia movida por todo lo que ahora sabe. En ese torbellino de novedades, Ida decide hacerse mujer y deja fluir su sensualidad. Cuando la descubre, esta convencida del próximo paso a dar. Alguien en la audiencia le dijo al director polaco, un poco en broma: “quizás el amante no era tan bueno que no convenció a la joven del camino a tomar”. Pawlikowski no desestimó la idea, total, en arte, las puertas de las interpretaciones siempre están abiertas.

Y me ha encantado saber que el director hizo su trabajo basándose en cincuenta ideas y que fue reescribiendo el guión casi a la par que iba filmando. Eso sí, siempre filmó en el orden real que vemos la película, como para ir ordenándose en el desarrollo del mismo.

Saturday, January 31, 2015

Los inocentes, más de cincuenta años después.



Algunas veces me he preguntado al releer los cuentos del escritor peruano Oswaldo Reynoso ¿qué pasó con los personajes de su libro ‘Los Incocentes’ más de cincuenta años después? En el supuesto caso que hubiesen existido, claro está. No soy el único que se ha formulado esta interrogante, sin duda. Incluso algunos le han preguntado al narrador de manera directa, sin obtener respuesta, creo.

Pienso que Oswaldo Reynoso hace bien al no contestar la pregunta, porque quiere –intuyo- que sus lectores hagan su trabajo. Hablo de los lectores activos, de los que se involucran con el texto, con la historia y con las situaciones que viven los personajes.

Alguna vez, Reynoso recibe regalos para sus personajes. Cuenta que una vez una niña le regaló golosinas para ‘colorete’.

Bueno, seré entonces el primero que se arriesga a decir algo de lo que hubiese pasado con esos adolescentes de las quintas del barrio de Jesús María que con ese modo de hablar irreverente y descarnado aparecieron en escena para escándalo de la cucufatería limeña, en 1961.

Oswaldo Reynoso en Lima dicharachera.

Oswaldo Reynoso nace el 10 de abril de 1931. Parte de su natal Arequipa y llega a Lima cuando tenía entre 19 y 20 años. El viaje desde el sur peruano a la gran urbe le toma por aquella época dos días y medio. Venía a estudiar Lengua y Literatura en la entonces Escuela Superior de Educación Enrique Gúzman y Valle (La Cantuta). En sus días libres sale a mirar lo que el llama la ‘ciudad palpitante’ llena de enormes calles y avenidas y se sorprende con la forma de hablar rápida de los limeños a quienes les pide bajar la velocidad para entenderlos.

El joven Reynoso recorre barrios, billares y cantinas tratando de integrarse. El uso de algunas palabras dichas en jerga y en un tono distinto comienzan a pasar a formar parte de su vocabulario, el mismo del que hace uso cuando comienza a escribir sus relatos.

Reynoso se mosquea y pilcha sale a buscar tonos, donde no sólo chupa que chupa para soltar la sin gueso y conquistar algunas gilas.

En sus relatos plasma de manera magistral el lenguaje y va más allá, se mete en la psicología y el pensar de los jóvenes de entonces, que a sus problemas de violencia, celos, inseguridades y anhelos, suma el de la sexualidad. Reynoso dice que los personajes deben cumplir ese requisito, no sólo deben ser presentados en su exterior, sino en el tono que hablan. Toda comunicación se entabla a través del lenguaje, precisa.  

Los inocentes marcó un hito en la literatura peruana, se trata de un libro de cuentos con un ejemplar realismo urbano de la calle, que según el poeta peruano Washington Delgado sigue siendo actual porque aborda el problema juvenil desde adentro. Más aún, esos problemas subsisten. Los jóvenes de todas las épocas se ven reflejados en el lenguaje y en la problemática de lo que leen. Perú sigue con lo mismo: falta de empleo, falta de horizontes y falta de reconocimiento.    

Para el autor también de Los ‘Eunucos inmortales’, todo escritor parte de su experencia vital y/o cultural. Algunos sólo lo hacen desde la cultural, pero él lo hace desde la vivencial para sumar lo cultural. (Los eunucos inmortales es un típico ejemplo de lo que profesa. La novela cuenta la experiencia del escritor en China durante la masacre estudiantil ocurrida en la plaza de Tian’anmen). Reynoso fue testigo directo de lo ocurrido.

Los inocentes, ahora.

Y para ir al grano, a continuación respondo a mi pregunta inicial.

Los inocentes, cincuenta años después.

Cara de ángel se vuelve un gran jugador de billar, pero termina de pastor cuando muere su madre. El vive atormentado por la culpa de haberla dejado sin pan. En penitencia se entrega a la religión y llega a ser pastor de una iglesia en una zona muy populosa de Lima, Villa Maria del Triunfo.

Carambola es seguidor de Cara de ángel por un tiempo. Lo deja sin darse cuenta que siente envidia por él. Nunca llega a dominar el taco que le ha dejado en herencia Choro parado. Carambola endiosa a Cara de ángel cuando lo tiene delante, pero habla mal de él en cuanto este se da la vuelta, dice que nunca jugará como lo hacia el verdadero maestro Choro parado. Carambola se reúne con Gladys, la perdona que sea puta, pero ella sigue en sus andadas, se lia con Colorete. Al darse cuenta Carambola rompe el taco de billar en la espalda de Gladys, pero ella se defiende con las bolas, se las tira a Carambola. Le destroza los dientes y lo que es peor, le produce un derrame cerebral. Los médicos del hospital Dos de Mayo le salvan la vida, pero él termina inválido.

El Príncipe sale de la cárcel como un avezado delincuente. Busca a Dora la puta quien vive un romance con un principe verdadero, un jovencito rico de Miraflores. Dora le cuenta que nunca podrá tener hijos y que por ahora se complacerá acariciando muchachitos.

El Príncipe vuelve a robar, esta vez busca a Colorete de compinche. La policía captura a este último y para evitar ir preso tira dedo al príncipe, quien vuelve a la cárcel. Este al salir trata de vengarse, pero colorete ya ha huído a colonizer una zona de Pucallpa. En la selva aprende a bailar cuando esta borracho y vaya sorpresa, logra juntar a algunos músicos para armar una banda. En la selva se junta también con un brujo que los lugareños llaman ‘médico curandero’, quien le enseña algunos trucos y por fin, sueña con volverse rico.

Juanita, la chica de los quince años, termina llenándose de hijos, nunca se casa con el estudiante de Derecho, éste la usa y la abandona por la hija de un juez. Ella espera que el verdadero juez haga justicia.

Rosquita termina calvo, vendedor de pelucas. El monta un negocio junto a Manos voladoras, quien a su vez muere en su habitación, dos jóvenes lo torturan para robarle y lo dejan morir desangrado. La prensa da cuenta del hecho con titulares inmensos. Los jóvenes logran su libertad tras purgar apenas dos años de castigo. Rosquita sigue quejándose del hígado, pero los médicos descubren que tiene cáncer al páncreas. Rosquita culpa a hecho de haber chupado agua directamente del caño.

Corsario abre un pequeño puesto de venta de periódicos donde pasa sus días, algunas veces ve pasar a Natkinkon quien sigue soñando con salir en la tele. Un cómico famoso le ha regalado una guayabera que siempre luce sucia.

Monday, January 19, 2015

Francotirador, cuando la realidad necesita un poco de ficción.


Clint Eastwood es un viejo zorro en el mundo del cine, prepara siempre sus películas para llegar justo a tiempo y correr tras la liebre que desea alcanzar. La misma estrategia se ve en la última historia que acaba de aparecer en los cinemas de gran parte del mundo. El francotirador, escondido y desde una posición ‘privilegiada’, se alista a disparar contra el enemigo, se acomoda, arrima el arma a su hombro, observa, agudiza la mirada a través del lente de largo alcance y fija el foco a donde dirigir el disparo de su M24. Vaya, la vida da siempre sorpresas, una madre alcanza a su hijo una granada y el pequeño corre inocente y también amenazador.  El francotirador suda, se niega a aceptar lo que ve, pero tiene que decidir en fracción de segundos.

Con ese gancho demoledor, Eastwood nos mete en su mundo: Iraq durante la invasión decidida por George Bush y quienes lo rodeaban. Las tropas estadounidenses deben enfrentar a quienes se resisten. Chris Kyle (interpretado por el actor Bradley Cooper) es el francotirador que tendrá la responsabilidad de garantizar el avance de sus compañeros de armas, disparando a todo aquel que represente una amenaza.

Kyle se convirtió en la leyenda de los francotiradores estadounidenses. Se calcula que mató a más de 160 iraquíes durante el conflicto. El seal estadounidense nunca confirmó tal número, pero siempre refirió que trataba de proteger a sus compañeros. Además, nunca se sintió un héroe por hacer su trabajo y se sentía incómodo con tal denominación.

Eastwood trabaja con el guión que Jason Hall ha adaptado de las memorias del propio Kyle. Para darle más dramatismo, el guión de Hall va un poquito más allá de las propias palabras del francotirador referidas en su autobiografía.

Luego de las escenas iniciales donde se deja en suspenso la decisión que tomará el francotirador respecto al ingreso en escena del niño con una granada, Eastwood nos traslada a Texas, cuando el pequeño Chris esta apuntando su rifle de caza bajo la atenta mirada de su padre. El niño logra cazar un venado y es la primera oportunidad que vemos la relación que entabla con la muerte y con un padre severo y dictador. Más tarde veremos al padre castigando a su hijo menor por no haberse sabido defender de la agresión de un compañero de escuela y destacando con orgullo la defensa que hizo Chris de su hermano. (Pienso que Eastwood trata de decirnos algo respecto a las figuras de autoridad. El padre bien podría representar al propio ex presidente Bush, quien dejándose llevar por su prepotencia e ignorancia lanza a sus hijos a una guerra de terribles consecuencias. (Más de veinte ex combatientes estadounidenses se suicidan por día. Y son muchos los que han quedado con terribles secuelas físicas y emocionales al término de la conflagración. Sin hablar del número de muertos que dejó el conflicto en ambos lados).

Eastwood nos muestra luego a los jóvenes Kyle andando sin brújula, son vaqueros sin futuro, rudos aunque impetuosos, así que pronto deciden enrolarse en la vida militar. Chris se convierte en leyenda y su hermano sucumbe ante el horror. Antes de ir a la guerra, Chris contrae matrimonio y ahí el film tiene un punto en el que se apoya para hacer avanzar la historia. Mientras el esposo va matando enemigos que amenazan, la esposa va lidiando con los hijos que va alumbrando. Y aquí veo una vez más la mano del director quien trata de revalorar siempre el papel que juega la mujer en la vida de un hombre con problemas. (La mujer que nos fija el norte de nuestras vidas. Ver ‘Los imperdonables’ para entender lo que comento).

En todas las historias se necesita un enemigo al que tenemos que identificar. En una guerra todo aquel que se pone al frente es un enemigo, pero para efectos dramáticos y en el caso de esta película, el enemigo con el que debe competir el personaje principal necesita ser visto, aunque sea en sombras. Por esa razón y de acuerdo a lo que he leído, Hall introduce a Mustafa, un francotirador iraquí que ha sido un tirador campeón de competencias deportivas (una foto en la sala de su casa lo muestra en un podio).

Kyle nunca se refiere al francotirador enemigo con nombre propio en sus memorias, pero existen evidencias que el tirador iraquí existió hasta que dejó de disparar tras un enfrentamiento con Chris Kyle. El francotirador estadounidense llega a convertirse en leyenda porque acabó con la amenaza a más de 800 metros, distancia que alcanza un M24 cuando dispara una bala de calibre .308.
Eastwood construye el puente dramático precisamente con la  historia del francotirador iraquí y no me sorprende que tras mirar ‘Black Hawn down’ y ‘The hurt locker’ el cineasta y todo su equipo de producción también haya visto con detenimiento el film de Jean Jacques Annaud, ‘Enemy at the gates’. Recordarán que en ‘Enemigo al acecho’ Jude Law interpreta a un francotirador ruso que de pronto se convierte en blanco de Ed Harris, el mejor tirador nazi.

Me quedó corto el espacio y deseaba contarles algo del carnícero iraquí que se adaptó para el film y quería hablar también de la interpretación de Bradley Cooper, quien lejos de ser el actor comediante, se va al otro extremo de la actuación para dar vida a un personaje distinto y más ensimismado, convencido tal vez en que tiene que obedecer las órdenes de su padre, no importa que el papá se disfrace de ex presidente. La discusión esta abierta, ojalá los estadounidenses se animen a discutir y poner más claridad acerca de la aún extraña decisión tomada por George W. Bush de invadir Iraq usando la estratagema de las armas de destrucción masiva que nunca se encontraron. ¿Bush quería dar también de correazos al hijo Sadam que se salió de la línea de obedicencia que le trazaron?

Bien por Eastwood quien a sus 84 años pone en el tapete un tema que sin duda es y será de interés internacional. 

Tuesday, January 13, 2015

Leyendo 'Infiernos mínimos' con corbata.


Ir al cine puede ser un drama pese a que veamos una comedia, es lo que dice el escritor peruano Jorge Valenzuela en uno de los seis relatos de su libro titulado  ‘Infiernos mínimos’ que Campo Letrado Editores acaba de publicar en Lima.

‘El reencuentro’ cuenta la historia de dos amigas -Ana y Mariela- que se dan cita a ver una película para reír y pasar un momento grato. Junto a ellas se sienta una mujer que de pronto comienza a toser y necesita ayuda. Ana se ofrece a ayudar sin saber qué es lo que le espera una vez que le pide a su amiga que siga gozando de las imágenes que luego deberá de contarle ¿cuándo regrese?

Jorge Valenzuela hace gala en este cuento de un final abierto que tiene que ser completado por el lector ocasional de su libro breve. Es evidente que el escritor peruano usa el recurso carveriano a la hora de narrar esta historia.

Sorprendida por el tiempo transcurrido y ante el no regreso de Ana, Mariela sale en su busqueda. Los delincuentes siempre están creando alguna estratagema para salirse con la suya. El peruano sabe de los taxistas que asaltan a sus clientes, de las mujeres que tras hacerse pasar por prostitutas roban a sus ocasionales parejas, se suma ahora –gracias al relato de Valenzuela- las mujeres mayores que se hacen las enfermas para sorprender a los jovencitas a quienes solicitan su ayuda para luego doparlas y plagiarlas. ¿Con qué propósito? Con el que opte el lector para completar la historia.

Este pequeño libro esta salpicado de historias que tienen mucho que ver con el cine. ‘Perros’ cuenta la historia de un viejo desamparado que se alista a degustar junto a sus canes el potaje de comida que prepara. Aquí resulta fácil hacer el paralelo con la película mexicana que hace algunos años protagonizó Gael García y dirigió Alejandro Gonzáles Inárruti. Además, este relato redondea a mi modo de ver lo que en una cita inicial utilizada por el escritor, Simone de Boauvoir nos dice: “las personas felices no tienen historia”. Detrás del plato de sopa de este hombre que se niega a mirar a su observador hay un submundo lleno de pesares y mucho drama que una vez más el lector esta llamado a completar. No hay felicidad, como diría la cita.

En ‘El enemigo insólito’, el escritor peruano  hace metaliteratura, pero una vez más se va –en mi mente- al cine para juntar a Ross MacDonald y Paul Newman. Mac Donald es el creador de un detective que protagonizará una serie novelas, pero con una en particular el personaje principal será guiado a tomar una pistola para acabar con su existencia. Una vez más, el lector es llamado a completar esta historia, este abogado lector ávido de una historia policial ha traicionado a alguien, ya renunció su secretaria y su guardaespaldas, va a cometer suicidio y opta por una explicación literaria para que el asunto no se vea tan ruín ¿por qué? ¿quién es ese enemigo hechicero y poderoso que seduce al abogado de tal manera hasta conminarlo a jalar el gatillo de un arma?

Si como lector, el escritor Jorge Valenzuela me llama a hacer mi propia interpretación de sus relatos, “Juntos” me lleva a pensar en la historia de Stanley Kubrick: ‘Ojos bien cerrados’. Una pareja de esposos trata de salvar su matrimonio, el consejero les ha dicho que amplien su relación de amigos cada uno por su lado. En ese caminar ambos se encuentran para descubrir qué cuando se vuelven a encontrar son dos perfectos desconocidos. Uno de ellos, el esposo, opta por saber que decisión tomar cuando aclare el nuevo día. No se nos dice y seremos nosotros quienes completemos o tomemos la decisión respectiva.

‘La corbata’ es desde mi óptica el relato más interesante. Valenzuela sin saberlo hace uso de la técnica hitchcockiana del MacGuffin que no es otra cosa que darnos un objeto para distraernos la atención mientras nos va contando una historia diferente y más interesante. Para entender de lo que hablo basta recordar la película Notorious (en español se titula ‘Encadenados’), donde todos estamos atentos a descubir qué se esconde en una botella de vino. Dashiell Hammett también nos hizo perseguir su halcón maltés, luego vino Quentin Tarantino y la maleta que buscaban John Travolta y Samuel L. Jackson, de la que hasta hoy no sabemos con exactitud qué escondía, apareció luego Javier Bardem persiguiendo también su maleta en No country for old men (Sin lugar para los debiles, creo que fue el título en Sudámerica).

En La corbata, el escritor peruano nos cuenta de un joven ejecutivo que odiaba las corbatas, pero que al ser conminado a usarlas llega a apreciarlas. Basta la introducción para que la bendita prenda se convierta en objeto fetiche y nos saque del foco de atención de la historia. Un extraño en la casa, que llega ataviado de una hermosa corbata, primero se presenta como el novio y al final termina siendo el hermano drogadicto de la arredantaria de una pequeña habitación en un mini departamento de soltero, para colmo compartido. Para rematar la historia, el escritor no es que nos tire con la corbata por la cara, sencillamente la ofrece como regalo de despedida.