Thursday, February 21, 2013

Desafía tus pensamientos.



Los pensamientos son sólo eso, pensamientos. No tienen ningun poder, salvo el poder que nosotros mismos le damos. ¿Cómo podemos ser conscientes de eso, cómo podemos acabar con eso?. Aquí una aproximación al problema.
Hace poco estaba viendo en Youtube la entrevista que su hija le hizo al doctor Aaron T. Beck. El psiquiatra habló de los pensamientos que siendo apenas pensamientos cobran un protagonismo que no tienen y luego se convierten en guías de nuestras vidas.
Mientras el doctor Beck analizaba a una paciente y le escuchaba hablar de sus escapes sexuales, descubrió algo. Al término de la perorata, el analista preguntó: '¿y cómo se siente?'. Ansiosa, fue la respuesta, no sé sí lo aburría a usted con mis historias.
En un primer plano, la paciente hablaba como sí se tratara de convencer de algo, pero lo que en el fondo gobernaba su manera de pensar era su ansiedad, su miedo, su hostilidad. Parecía algo así como que un pequeño arroyo guíara a un río inmenso. Claro, que en materia psicológica, los seres humanos le damos a ese arroyito la posibilidad de ser el río y es algo que no debemos permitir.
Con este primer punto, el doctor Beck me convenció y terminé de ver sus cerca de dos horas de conversación con su hija Susan. A sus más de 90 años, este psiquiatra se veía lleno de vida, me recordó a mi abuelo. Su lucidez era sorprendente.
Se inició como un seguidor del psicoanálisis, pero terminó creando su propia escuela y un instituto, el Beck Institute for Cognitive Behavior Therapy, en Pensilvania. Cuenta que encontró en el psicoanálisis un asunto parecido al esoterismo. Además, seguía rituales y ese ritualismo se parecía mucho a una religión. Sonrió recordando lo que le ocurrió a un amigo que le escribió a Sigmud Freud acerca de su propio análisis que no confirmaba del todo la teoría del creador. Era algo así como escribir al Papa dándole cuenta de la no confirmación de la existencia de Dios.
El también neurólogo se alejó del psicoanálisis, pero siguió interesado en el estudio de la depresión. Beck dice que hay una hostilidad que no aceptamos y nos reprimimos, sin embargo, esa hostilidad se refleja de otra manera. Muchas veces es el crítico que no se acepta y piensa mal de su persona y llega -muchas veces- a convertirse en un suicida.
Con los patrones psicoanalíticos analizó los sueños de sus pacientes y descubrió algo sorprendente. En el sueño de los depresivos hay desolación y rechazo, necesitan ganar afecto y algo que los haga sentir orgullosos, totalmente contrario al de sus pacientes sin depresión. Hay algunos que necesitan sufrir y se convierten en masoquistas.
Para evitar mayores complicaciones, la terapia enseña al paciente a analizar los pensamientos automáticos, esos que subyacen y se niegan a dar la cara fácilmente, pero que tratan de gobernar tiránicamente. Hay que darse cuenta de los pensamientos que corren subterráneos y nos ofrecen una mala interpretación de lo que ocurre en nosotros y en nuestro entorno.
Pero el problema se presenta con los deprimidos severos, pues sus creencias están muy enraizadas. Y es fácil notarlo sí se pregunta a unos de ellos, cómo estuvo la semana? Aunque teniendo algún momento placentero, siempre dirán que no hubo ninguno.
Con sus conocimientos de neurología, Beck descubrió además una mala comunicación a nivel cerebral, algo que él llama 'blue gen'. En estos pacientes la serotonina cerebral no tiene un buen nivel y deja de conectarse correctamente para establecer un patrón antidepresivo.
Beck descubrió que la mayoría de pacientes depresivos tenían un punto en común, casi todos tenían que ver con la desaparición física del padre por causa de las guerras y por la influenza (habla del caso estadounidense, sin duda). Aclara, sin embargo, que no todos llegan a ser depresivos, pues existen muchos individuos que tienen otro tipo de asimilación de una pérdida. Los depresivos llegan a quedarse desolados y perder toda esperanza.
A la pérdida de la esperanza y la desolación hay que tenerle cuidado, pues estos pacientes pueden llegar al suicidio. Nada de lo que ocurra en el mundo, en su entorno, tendrá algo positivo. Nada. Entonces se entregan mansamente a su propio final. Para sacarlos, hay que realizar un trabajo duro, comenta el psiquiatra.
El presidente del Instituto de Cognitive Behavior Therapy también habló de los esquizofrénicos, que es un problema diferente al de la depresión, sin duda. Beck refiere el caso de un paciente que tenía delirios de persecusión. Un agente del FBI lo perseguia y trataba de capturarlo. Su trabajo consistió en ganar con el paciente una buena relación. Ganado esto, había que mostrarse cooperativo y tratar de establecer la identidad del perseguidor. ¿Cómo es el agente del FBI?.
El paciente esquizofrénico exhibirá entonces sus características, será incapaz de focalizar a una persona que subyace en su cerebro, lo que demuestra una falta de concentración, a esto se suma una mala memoria y una falta de motivación. El trabajo en este caso es muy arduo, pues deben enseñar a ver su persona de una manera positiva.
El doctor Beck creó aquello del “Evento, Evaluación, Emoción”. Sí algo ocurre tenemos que hacer una evaluación correcta, real, nada fantasiosa. Sí logramos eso tendremos una respuesta emocional correcta. El sugiere, sí hay un problema, focalizar la mente en algo distinto. Viene una catástrofe. Miremos una película cómica, por ejemplo.
Pienso (esto es personal) que no es lo correcto y a decir de los meditadores budistas, eso es como tapar la hierba con una piedra. Lograremos acabar con el problema de manera momentánea, pero luego la hierba crecerá por los bordes y nuevamente tendremos el problema desbordado.
Sugieren los budistas que hay que aprender a focalizar la mente en el problema, tratando de entender el mismo. Poco a poco veremos sus raíces, cuando eso sucede cortaremos las mismas. Algo así como sentarse a focalizar el lente de una cámara y mirar los componentes que vemos en el encuadre, sin importar sí son buenos o malos. Ojo, no se trata de juzgar, se trata de aceptar y tener concomiento absoluto del mismo. Hay que observar lo que está en el encuadre: muchas veces será aburrimiento, ira, miedo, odio, envidia. Sí logramos fijar la problemática, la tenemos que aceptar, la entenderemos y diluiremos el mismo, acabaremos así con el problema de manera definitiva.
Los budistas sugieren que hay cuatro puntos importantes a los que tenemos que poner atención. 1-El cuerpo y sus sentidos, 2- El corazón y sus sentimientos, 3-La mente y los pensamientos y 4-Los principios que gobiernan la vida. Abriendo y observando estos cuatro puntos estaremos en camino a un proceso de cura. Pronto veremos al santo contra el dictador, Dios y el demonio pugnando en nuestras mentes.
La tarea no es fácil, pero hay que recordar que tenemos un aliado, nuestra respiración pausada, profunda, muy rítmica. *Debemos seguir el aire que va y viene por nuestro cuerpo. Hay que estar concentrados en el ahora, ser compasivos, tener paciencia, ser constantes y contar con cierta curiosidad positiva, componentes que lamentablemente no se nos ofrece en este mundo que corre y corre de manera loca. Lo que el meditador hace es disolver un problema, diluirlo para siempre. No se tapa, se acaba con el mismo.
Tenemos que hacer que nuestro río discurra por su cauce, sin que un arroyo trate de ponerse al frente de la corriente. En pocas palabras, un pensamiento negativo no puede ser el eje que nos fije las metas. No sólo debemos desafiar a los pensamientos, tenemos que darnos cuenta que son burbujas y dejarlas ir.

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