Thursday, October 25, 2012

Un destino de gloria.


La vida es como una película con todos los buenos ingredientes que el director le pone. A algunos les toca hacer el papel de malos, mientras que a otros les toca hacer los roles protagónicos, claro, antes tienen que pasar por un calvario para aprender, sino aprenden, fallan y se van. Por lo tanto, hay que dejarse llevar por la sinfonía que nos ha reservado el creador.
A esta conclusión he llegado mientras me senté a observar mi vida y su no muy largo transcurrir. Vi pasar las secuencias de mi vida como en un gran rollo de technicolor y lo vi con precisión cuando me dieron una secuencia muy dura de interpretar. (En los momentos más dramáticos es donde uno puede apreciar el rol que está jugando). Y hay que dejarse llevar sin quejarse porque todo ocurre por alguna buena razón. Como no tenemos la película completa nos esforzamos por conocer el desenlace y eso resulta imposible, mientras se ejecuta o filma (usen el verbo que deseen, total, estamos hablando de vida = película, no es cierto?)
Uno le encuentra sentido a la vida cuando descubre una buena causa y por solo esa buena causa uno puede incluso perder la vida, para eso uno debe descubrir el rol que esta jugando, en el propio discurrir del rollo, sino lo descubre, por lo menos intentarlo.
Me he puesto a ver 'Las flores de la guerra' por segunda vez y la película me ha hecho ver estos detalles. Cuando hay una buena causa, lo que hagamos siempre nos llevara a un buen puerto, no importa sí para eso tengamos que meternos en el estómago de una ballena o descendamos a los infiernos. De allí saldremos con lo que anhelamos y buscamos. Esto se da en la vida real, también, claro está, sino me creen basta que les diga miren 'La lista de Schindler'. El personaje sin escrúpulos de la primera parte descubre de pronto, como saliendo de un sueño o una pesadilla, que tiene que ayudar a quienes puede y ese es el rol que le toca vivir. Lo acepta con resignación. Y pese a todas las circunstancias difíciles que le toca pasar, siempre saldrá victorioso.
Bueno, sigamos con 'Las flores de la guerra' esta magnífica película china dirigida por Zhang Yimou. Si tienen oportunidad de mirarla, haganlo, les va a encantar. Quienes amen el cine de acción, tendrán al inicio varias secuencias muy bien logradas. Ese inicio se me ocurre, es como un solo de baterías con redobles y pasodobles que te enganchan. Ahí es donde uno descubre que tiene que dejarse llevar. En plena guerra chino-japonesa, un maquillador de muertos es contratado para arreglar el rostro de un sacerdote muerto durante la conflagración. Y para llegar a realizar su tarea, el personaje tendrá que atravesar el último escenario donde se libra la batalla decisiva. El papel que ha jugado antes como maquillador pronto cambiará, porque ese es el papel que le ha tocado jugar. (La película esta basada en hechos reales, los japoneses ganaron esa guerra, matando alrededor de 300 mil chinos, sin importar que estos fueran civiles o militares).
De generación en generación, los chinos fueron transmitiendo todo el drama que enfrentaron y todo el salvajismo que desplegaron los japoneses durante dicho conflicto ocurrido en los anos de 1937-38. No sólo asesinaron a los rendidos, sino que también violaron a cuanta mujer se le puso en frente. El rapto de Nanking fue recreado, primero como una novela y luego fue llevada al cine con una gran inversión económica.
No quienes ganan una guerra son los que realmente ganan. Por encima de una guerra que por lo general tiene intereses subalternos y bajos, como expansión, hurto, la simple exhibición de fuerza y odio, están valores humanos que el 'vencedor' desprecia y esa parte muchas veces las hallamos en el lado 'perdedor', hablo entonces del heroísmo, la valentía, la fe, la responsabilidad, el amor y la entrega, por citar algunos. Quienes exhiben lo mejor en una guerra no son los que ganan, aunque hay guerras que fueron bien ganadas, por supuesto. La de los aliados contra los nazis, fue una guerra ganada por el lado que debió ganar, sin duda.
No es por nada, pero los peruanos nos enorgullecemos de tener un gran héroe marino llamado Miguel Grau. A nosotros nos tocó soportar lo que hicieron los invasores, quienes mostrando cobardía absoluta no dudaron en usar la fuerza contra los mas débiles, saquearon todo aquello que se les antojo y destruyeron lo bello que encontraron a su paso para vanagloriarse falsamente de su terrible acto: “sino me lo puedo llevar, no es mío, entonces lo destruyo”. Un pillo seguirá siendo un pillo, ante los ojos de la gran verdad.
Después de la digresion vuelvo a 'Las flores de la guerra' una vez más, en aquella oportunidad un grupo de prostitutas chinas desarmadas le dieron una gran lección a los soldados invasores, para ser más exactos, le ganaron la guerra. Ellas deciden inmolarse para salvar la vida de algunas niñas de convento, las mismas que habían sido 'requeridas' por los oficiales nipones deseosos de satisfacer sus bajos instintos. Si ponemos en una balanza a prostitutas y oficiales, se trata evidentemente de un claro ejemplo de los 'debiles' contra los 'fuertes'. ¿Quién creen que gane? A los ojos de cualquier iluso, los oficiales fuertes resultan siendo los ganadores. Cosa falsa de toda falsedad, sin duda. Es lo que ocurrió en Nanking.
Mientras un maquillador de muertos que suplanta a un sacerdote muerto rescata y huye con las niñas de convento, las prostitutas suplantan a las menores y se enfrentan a un destino final digno. El maquillador acepta su rol, suplanta a un muerto y resucita el buen nombre de la verdad, el honor, la valentía y el amor que es alguno que siempre estuvo buscando. Por su acto heroico conquista el verdadero amor (aquí la protagonista líder también se baña de pureza) y ambos sabiéndose dignos deciden enfrentar el reto, correrlo y salir victorioso por el lado del maquillador, y un destino incierto, pero grandioso por el lado de la prostituta.
Insisto, aceptar el rol que nos toca vivir sin chistar, pese a los inconvenientes, dolores y penas es lo que nos hace alcanzar nuestro destino de gloria.

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