Thursday, July 14, 2011

'Unbroken' "corre" con 'Seabiscuit'.


La vida muchas veces se pone pesada y nos exige correr para no ser alcanzado por las fauces hambrientas del destino. Cuando paramos, esos dientes filudos tratan de arrancar en jirones nuestra piel. Mientras tomamos un respiro para seguir corriendo, no sólo es sudor lo que dejamos, es también sangre y son lágrimas amargas las que quedan atrás, pero son todo eso y el temor de ser devorados, las cosas que nos dan un nuevo impulso para seguir corriendo y llegar a la meta, completos. Después cuando uno mira atrás, uno se sorprende de ver todo el camino recorrido. Cuando uno crece y escala un peldaño en la escala humana, lo terrible que ocurrió da la serenidad y sabiduría que se require para seguir enhiesto en esta vida. Es ese el caso del otrora atleta Louis Zamperini, quien con una sonrisa franca, da cuenta que comprendió que todo lo que le tocó vivir no fue más que una pesadilla y que hoy despierto, sano y bendecido puede seguir, esta vez caminando hacia la meta, seguro de saberse ganador, porque nos sacó miles de cuerpos de ventaja.
La vida del atleta, héroe de guerra, sobreviviente y buen ser humano, Louis Zamperini, lo contó Laura Hillenbrand en su nuevo libro titulado ‘Unbroken’. Son más de 400 páginas, en donde se refiere toda la odisea que pasó el hoy estadounidense de más de 95 anos, desde que llegó al mundo en el pequeño pueblito californiano de Torrance.
Alguna vez Zamperini dijo que sí a él le hubiesen dicho que ésta era la vida que tenía que vivir, él se la hubiera quitado antes de aparecer en escena. Sin embargo, hoy él no para de sonreír y quien lo ve sabe que esa sonrisa es la de un hombre agradecido con la vida, aunque para él haya sido difícil de vivirla en un espacio importante de su vida.
Zamperini fue un pequeño ladronzuelo de su pueblo, quien no reparaba en romper puertas o ventanas para hacerse de comida, bebida o lo que en ese momento necesitaba para sobrevivir. Andaba con una pequeña arma de balines cazando conejos en los alrededor de su vecindario para poder tener algo en la mesa durante la cena, lo que da cuenta, también, que esos años fueron difíciles. Se escapó de su hogar para vagar, junto a su amigo, en los trenes de aquella época. Y como buen seguidor de Lee Marvin, viviendo en trenes, tuvo que escapar de un vagón en marcha, cuando fue sorprendido por un policía que lo obligó a saltar del mismo y evitar la cárcel. Volvió a casa y cansados de sus andanzas y su mal comportamiento, estuvieron dispuestos a dejarlo en uno de esos centros de reclusión para menores. Cansado de correr para evitar ser atrapado, Louie se convirtió en un verdadero atleta, gracias también a la paciencia, cariño y cuidado de su hermano mayor Pete. Con su empeño y dedicación, Louis llegó a Alemania, en 1936, para participar en las olimpiadas de Berlín y estuvo a punto de ser atrapado cuando hurtó una banderola nazi. El joven atleta quería tener un souvenir durante su paso por la tierra de Hitler, quien le estrechó la mano, tratando de ‘domesticarlo’. A su regreso, Zamperini comenzó a romper record universitarios y en Nueva York se clasificó primero para representar a su país en las Olimpiadas de Tokio, en 1940, cuando estalló la guerra.
Louis Zamperini tuvo que enrolarse, se volvió bombardero en un avión B-24 y junto a sus compañeros bautizaron la nave como ‘Super man’. La nave debió ser abandonado luego que recibiera 594 impactos de bala durante una batalla aérea con los japoneses. Las fauces hambrientas del destino volvían, ya no a rozarlo, sino a lamerlo. Con muchas piezas de recambio se ensambló la ‘Green Hornet’, otro avión, esta vez un B-29 que no había sido chequeado en vuelo, y que falló durante un recorrido de reconocimiento en pleno océano Pacífico y se cayó al mar junto a sus doce tripulantes. Esta vez, las fauces del destino se abrían para saborear a Louis, quien sorprendentemente después de hundirse y enredarse en miles de cables salió del agua para descubrir que se había salvado junto a dos de sus compañeros. Esta vez sin empeñarse en romper algun récord, el joven atleta convertido en bombardero, junto a Allen Phillips, el piloto de la nave, pasaron 46 días en una embarcacion rescatada del avión siniestrado. Antes de cumplir la hazaña de salvarse, Francis McNamara había muerto de hambre, sed y de las heridas que se empeño en inflingirle el accidente, la sal del agua y el sol en mar abierto. En la mitad del Pacífico, Louis, Phill y Mac tuvieron que comer hígados de tiburones, albatros y pequeños pececillos que pescaban.
Este nuevo Odiseo tuvo que hacer un esfuerzo, no para evitar oír los cantos de sirena y sucumbir, sino para alejarse de sus propios pensamientos tormentosos, que podían jugar en contra, arrastrarlo a un abismo y terminar con su vida. En el medio del océano tuvo que apelar a su buena imaginación y se volvió un chef imaginario de spaguettis caseros, que saboreaba en cenas inovidables.
Cuando Luois Zamperini cae al mar, entra en otra dimensión. Cuando sale a la superficie del agua tendrá que pasar por una experiencia aterradora. A bordo de una frágil embarcación de metal y plástico tuvo que enfrentar a los tiburones, la falta de comida, agua para beber y las balas de un avion japonés que al avistarlos en la inmensidad del agua, se lanzó contra ellos para dispararles sin piedad. Louis se zambulló en el agua infestada de tiburones, mientras sus dos compañeros se hacían los muertos en la pequeña embarcación. Cuando eso terminó, debieron enfrentar los vientos de un tifón que los arrastró con su fuerza, hasta que llegaron a una isla donde fueron capturados por los japoneses, quienes se sorprendieron de la odisea, pues los sobrevivientes habían alcanzado las islas Marshall y habían recorrido 2 mil millas hasta ser avistados.
Ahí comienzó otro tormento del nuevo Odiseo. Louis Zamperini fue tomado prisionero y cuando los japoneses se enteraron que tenían detenido a un atleta olímpico decidieron llevarlo a su territorio para usarlo luego como propaganda contra sus enemigos. Louis había sido dado por muerto, el presidente Roosevelt firmó una carta dando cuenta de su desaparición y lo declararon muerto junto a todos los tripulantes de la ‘Green Hornet’. Ahí en el campo de prisioneros de Omori aparecerá su mayor opositor y enemigo gratuito, el sargento japonés Mutsuhiro Watanabe, quien es bautizado con el alias de Bird, quien no dejara a Lou en paz, humillándolo en cada oportunidad que se presente. Bird era un tipo educado, había estudiado Literatura francesa, pero no se toleraba a sí mismo. Odiaba no haberse convertido en oficial del emperador y teniendo la oportunidad de ser la autoridad ante oficiales aliados, hizo sentir su mala presencia. Lo conocían como un sádico, podía golpear a los prisioneros, llamarlos a su habitación, hablarles en tono de disculpas, para volver a castigarlos inmediatamente. Sí para los aliados recluídos era un sádico, para sus propios compañeros japoneses, Watanabe era un ‘sádico’, dicho en tono más suave, necesario para ellos y las tareas de los campos de prisoneros de guerra. En una de las prisiones (Louis Zamperini fue trasladado a varias), Bird descubrió que los prisioneros estaban robando provisiones y para desubrir al culpable hizo valer su sadismo. Sin embargo, cuando se presentó el culpable, culpó a los oficiales del mal comportamiento en la prisión, les ordenó dar un paso al frente y exigió a todos los demás prisioneros golpear a sus jefes. Louis Zamperini no pudo mover la boca por días, tenía el rostro transformado, había recibido 220 puñetazos. Aquejados de severas diarreas, habiendo perdido más de la mitad de peso, tomando agua que se usaba para irrigar los pequeños campos abonados con deshechos humanos, Louis organizó una emboscada para matar a Bird. Una enorme piedra quedó atada esperando el paso del carcelero. Fue cuando Japán comenzó a perder la guerra, hasta que ocurrió la explosión atómica en Nagasaki e Hiroshima. El emperador y sus súbditos capitularon.
Louis Zamperini había sobrevivido. Miles habían muerto por la severidad e inhumanidad de la guerra. Bird se perdió, la enorme piedra no pudo caer a golpear la cabeza del sádico sargento. Watanabe se perdió en el anonimato, dejando a Louis libre. ¿Por qué Bird nunca se atrevió a matar a Zamperini? ¿Era el odio y la envidia lo que hacía del japonés un mounstruo cobarde, incapaz de ejecutar lo más terrible con sus propias manos, dejando sólo esa posibilidad en las manos de otros?
Zamperini volvió a los Estados Unidos el 9 de setiembre de 1945 para reunirse con su familia, con su madre quien comenzó a celebrar la fecha como el ‘Día de la madre’ en esa fecha. Ella nunca lo había creído muerto. Sin embargo, el otrora atleta regresó perseguido por el recuerdo del maltrato sufrido. En sus pesadillas constantes se aparecía el sádico Bird para volver a humillarlo y castigarlo por lo que hiciera. Se entregó al alcohol para olvidar. Se casó para no sentirse tan abandonado. Tuvo una hija. Estuvo a punto de romper su matrimonio, con sus agresiones, incluso por las noches, mientras las pesadillas atacaban, se volvía un energúmeno y llegó a atacar a su esposa. Hizo entonces el juramento de volver a Japón para matar a Watanabe. Sin embargo, una noche conoció al predicador cristiano Bill Graham y Lou se convirtió en un seguidor de Cristo. Fue entonces que comenzó su proceso de recuperación, tiró al desague toda el lícor que había almacenado en algunos rincones de su modesta casa y las pesadillas se fueron diluyendo en el sueño. Decidió ir a Japon a perdonar a sus antiguos captores y allí se enteró que Bird no se había suicidado como todos pensaban, sino que estaba vivo. Aprovechando el perdón que EEUU dictó contra los acusados de crimenes de guerra, Watanabe se reintegró a la sociedad japonesa y en poco tiempo se convirtió en un hombre rico. La prensa dio con él, cuando lo entrevistaron nunca aceptó que fuera un sádico, pero dijo que actuó con severidad contra los enemigos de su país. Recordó a Zamperini como el prisionero número 1, pero nunca aceptó reunirse con él. Su antiguo prisionero deseaba verlo para perdonarlo. Louis hacia mucho tiempo que no sufría pesadillas.
Felizmente Louis había dejado la parádoja de la venganza que es lo que lo hacía depender de su captor. Creyendo que eso lo liberaba de la pena, se envolvía en su sufrimiento. Buscando la muerte del japonés abusivo, Louis Zamperini se encadenaba a su tirano. Durante la guerra, Bird no estaba dispuesto a dejar sin castigo a Lou. Después de la guerra, Louis estaba siendo incapaz de dejar a Bird que se fuera de su vida.
Louis entendió eso. El tenía que ser mejor que su carcelero. Todo eso se lo contó a Laura Hillenbrand quien escribió la historia y tituló la misma ‘Unbroken’ (Entero, intacto, firme, usen el término traducido que más les parezca se asemeja a lo que significa la vida del sobreviviente). Fueron 75 entrevistas que Louis concedió a LH, él bromeó con la escritora, diciéndole que ‘escribir su historia iba a ser más fácil que Seabiscuit (un caballo que pasó a ser símbolo de esfuerzo para salir de la pobreza, durante la depresión económica de 1929, que es el título, ademas, de la primeraa novela de Laura Hillenbrand), porque Lou podia hablar’.
Seabiscuit es también una película muy tierna que estuvo nominada para el Oscar en el 2004 y que bien pudo haber ganado las estatuillas en otro meomento que la Academia premió a películas sin mucho sustento.
El trabajo de LH demuestra su gran interés por los corredores, sean estos quienes sean. Por esa razón me gustaría preguntarle ¿Qué significa exactamente para ella ‘correr’?.

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