Sunday, April 7, 2013

El poema, el poeta y el lector.


Explicar el proceso creativo de un poema es difícil para cualquier poeta. El argentino Jorge Luis Borges solía decir: 'cuando yo escribí este poema Dios y yo sabíamos de que se trataba, hoy sólo Dios”. Luego el vate añadia “No, es mejor que el poeta no explique un poema. Cada lector tiene que encontrar el significado de un poema” Claro, esa es su parte. Un poema es comunicación, comunicación que viene de una misma fuente. ¿Qué fuente? Tampoco lo podría explicar con certeza. Quizás de la fuente de la bondad humana. Ahí -en ese pozo- es donde el poeta bucea. Si los lectores no bucean jamás llegaran a la esencia del poema. Ahi en el fondo esta la esencia del poema, las mejores notas de la sinfonía poética.
Bueno, deseo ubicarme mejor para comenzar esta nota.
Hace poco, leyendo al poeta estadounidense Robert Hass, entendí que lo mejor que se puede hacer para enseñar poesía es leer a los jóvenes poetas mucha buena poesía. El citaba a muchos poetas japoneses, los mismos que han escrito haikus para ir luego hacia los poetas que han escrito poemas de largo aliento.
En español yo citaria, aunque parezca contradictorio 'Hojas de Hierba' traducido por Jorge Luis Borges y con esto diluyo la contradicción. Walt Whitman escribió un libro maravilloso, cualquier verso que se cite tendrá la leche nutritiva extraída de ese pozo profundo que necesitamos para hacer poesia.
Luego pediría leer 'España aparta de mi este cádiz' del poeta peruano César Vallejo. Con sus versos iniciales el poeta de Santiago de Chuco nos atrapa y cautiva.
Del poema IX titulado 'Pequeño responso a un héroe de la República' extraigo la primera estrofa.
Un libro quedó al borde de su cintura muerta/ un libro retoñaba de su cadáver muerto./ se llevaron al héroe/ y corpórea y aciaga entró su boca en nuestro aliento./Sudamos todos, el ombligo a cuestas,/caminantes las lunas nos seguían;/también sudaba de tristeza el muerto.//
En el poema se siente la fuerza telúrica muy bien llevada y medida por el poeta. Lo que demuestra además que cualquier poeta no hubiese podido llegar al nivel del peruano.
¿Qué otro poeta podía seguir para entusiasmar a los jóvenes vates? Sin duda Pablo Neruda. Fui un lector asiduo de “Los versos del capitán”. Vaya que coincidencia, lo acabo de descubrir, el poeta chileno escribió estos poemas románticos luego de su dura estadia en España. Cada mañana Neruda dejaba a su amada un poema y salía a enfrentar la vida durante aquellos años difíciles, luego estos fueron recopilados -sin querer y saber del todo- y se convirtieron en un poemario que alcanzó la admiración no solo de la mujer amada de entonces sino de todas las mujeres enamoradas y de todos los seres humanos que se afirman en el amor.
Amor mio... nos encontramos/con hambre/y nos mordimos/ como el fuego muerde/dejándonos heridas.
De ahi sin duda seguirían los poemas de Arthur Rimbaud, Thomas S Eliot, Fernando Pessoa, entre otros más.
Pero no quiero quedarme aquí, Borges no gustaba hablar de sus poemas por un sinnúmero de razones que él sabia, sin duda, y porque trataba de empujar al lector a hacer su parte, leer con fruición. Algo difícil para muchos en estos días.
Pero yo sí deseo hablar de cómo se gesta un poema desde mi particular punto de vista. Hace algunos días atrás me levanté mientras estaba soñando con un ángel, supongo que era un ángel porque era alguien que podía volar. Cuando abrí los ojos, las imágenes seguían llegando a mi mente en tropel y yo era consciente de eso, aunque en un pequeño porcentaje. Dejé que las imágenes me sobrepasaran y al no poder fijar lo que veía con exactitud, salté de la cama. Tenía que escribir aquello porque sino jamás iba a saber de qué se trataba. Al inicio no entendí mucho, solo sabia que había un personaje. Dejé que las imágenes se desbordaran y poco a poco me dejé llevar por el impluso de decir algo. El poema no dijo quiero que escribas así o asá, sólo me soplaba imágenes en el oído y yo escribía.
Mientras escribía, lo que me dictaban iba tomando una forma. Me di cuenta que todo lo que oía no iba a lucirse por completo, pero no me amilané. Conseguiría algo, por lo menos una buena aproximación. El lenguaje humano comunica parte de una verdad, el poeta es el medio, el lector o los lectores completan la idea. Ser el medio es sorprendente, es como estar bendecido, y uno tiene que esforzarse para dar lo mejor Uno no es consciente que la leche de la bondad humana mana por tus dedos, hasta después del pequeño milagro. Alguien diría que el lenguaje esta afuera, pero hay que aceptarlo en nosotros y con respeto tomarlo y luego dejarlo salir. Es un momento del que uno saca un entendimiento, es como estar en un estado de trance. Uno se deja llevar por el impulso. Uno deja que la leche de la bondad humana se riegue en el papel sin forma y tal vez sin un sentido inicial. De pronto uno siente que el caño se cierra y también uno debe aceptar eso.* (Vease en este blog el poema El angel caído)
Algunos poetas sólo se quedan con el primer chorro. Otros trabajan el poema para terminar de redondearlo después. En este caso, tras algunos días de reposo, cuando la leche esta cuajando, el poeta decide buscar el significado. ¿Qué es lo que estas palabras me han tratado de decir? Es la pregunta que se suele oir de manera incosnciente. En mi caso no trabajo en rimas porque no me gustan y porque siento que al tratar de buscar palabras que hagan juego silábico se pierde la fuerza del poema. Yo prefiero optar por la música del poema y en ese caso -como en otros- el proceso de revisión puede durar días u horas. Hay que aceptar que muchas veces lo que se obtiene no llega a ser la perfección oida inicialmente, pero lo que se ofrece debe ser la mejor aproximación.
Al comenzar con el poema del que les vengo hablando *, el angel volaba, cuando acabé se produjo un cambio.
Bueno pues, cuando uno escribe poesía, uno sabe que tiene un poema a veces con el primer verso, es como el ángel que incia el vuelo, desplega las alas y se lanza al abismo, pero al mirar con detenimiento, el poema toma otro cuerpo y algunas veces cambia.
No soy un corrector compulsivo. Algunas veces exploro y dejo que los cambios ocurran por si solos, Algunas veces me basta con escuchar las notas del inicio y sigo el curso rumoroso. Algunas veces he tenido la suerte de escuchar a algunos poetas jóvenes que me sueltan imágenes inexploradas, me sumerjo en ellas y obtengo otra nota, un ritmo musical más hondo y significativo. Por eso digo, algunas veces, los versos buscan ser pulidos y rebuscados hasta alcanzar otra dimensión. Un angel se puede petrificar, como en mi poema y ser el anquilosado y envidioso ser que ve como las aves vuelan y lo ensucian aumentando aún más el peso que soporta.
La revisión puede tomar meses o años. Mi poemario -el único- lo empecé a trabajar a los 17 años y cuando lo publiqué acababa de cumplir 37. Me sorprendo hoy al sentir la necesidad de corregir alguno de ellos. Me digo, debí ser conciso aquí, no debí dejarme desbordar en este. Ahora amando como estoy amando los haikus siento y sé que un poema puede ser inmenso y maravilloso tan sólo sugiriendo algo. El lector es quien tiene que hacer su parte, el lector también debe bucear en la palabra, tratar de dar con la razón profunda del poema.
Trabajar en conjunto es la clave. Lo que sucede ahora es que se ha dejado el poema como un artículo secundario, siendo de importancia vital. Un poema te sumerge en la memoria colectiva y dispara la imaginación. Un poema dice más de lo que se publica en una novela. Alguien me decia: Eliot logró decir lo mismo que Joyce, aunque con más profundidad y con menos palabras y con un solo poemario.
Ahora entiendo que no es necesario explicar un poema, hay que dejar que el lector use su intelecto. Decir más de lo que se debe decir en un poema es faltarle el respeto al lector. Ambos levantan el poema, lo hacen brillar, una y otra vez y de manera distinta. Cada línea cuenta en un poema, cada línea es más que un ladrillo, es la base, el lector pone muchas veces el techo. Ambos construyen.
Por eso y para terminar, el poeta es subversivo, por eso decían que al poeta había no sólo que atarle las manos. Lo sabían nuestros abuelos, ahora esperamos que los nietos vuelvan a encender la luz.

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