Tuesday, March 19, 2013

Cinco cámaras rotas


'Una imagen vale más que mil palabras', dice el dicho... y ¿qué decir de una cámara que registra esas imágenes? Más todavía, de cinco cámaras que registran una serie de acontecimientos.
“Cinco cámaras rotas” es el primer documental del camarógrafo y fotógrafo palestino Emad Burnat en el que se cuenta el drama que se vive en la frontera de Palestina e Israel, al oeste de Ramala, en Cisjordania, donde los palestinos buscan frenar el crecimiento israelí que los va empujando, a la fuerza, más allá, hasta el fondo de su propia tierra.
Una versión distinta, cruda y real del cuento 'Casa tomada'.
'Cinco cámaras rotas' refiere literalmente la pérdida de igual número de cámaras de filmación que Emad usó para realizar su trabajo a largo de varios años. Dos de ellas le salvaron literalmente la vida, al servir como escudos y detener el casquete lacrimógeno en primer lugar y luego una bala que le dispararon los soldados israelíes. Por andar atento a lo que filmaba, Emad no pudo hacer nada cuando ocurrió un accidente automovilístico que lo dejó al borde de la muerte. Una cirugía a abdomen abierto con más de cincuenta puntos es lo que le queda de recuerdo a este valiente y tenaz camarógrafo.
Emad llegó a filmar su propia detención, primero en un centro de reclusión israelí y luego en su casa, donde también estuvo preso. “Filmo porque no tengo nada más que hacer”, comentó a sus visitantes en aquella oportunidad.
Su empeño por graficar la historia de Bil'in, su pueblo, lo llevó incluso a vivir más de un drama familiar, pues su esposa con la que tiene cuatro hijos pequeños le pidió en un momento difícil parar su trabajo, por el bienestar de todos y por su propia seguridad. Sin dinero, enfermo y con la responsabilidad del hogar, Emad no aceptó lo que su mujer le pedia y se dedicó a completar su trabajo, casi sin proponérselo, pues todo comenzó cuando nació su último hijo y cuando los israelies llegaron hasta sus tierras para comenzar los trabajos topográficos de lo que sería luego el muro divisorio y humillante.
El trabajo de Emad es meritorio, además, porque decidió ser el cámara, el encargado de registrar todo lo que ocurría en esa franja del medio oriente, sin participar directamente en las protestas. Se frenó incluso en defender a sus padres, cuando los soldados israelíes los detuvieron. 'Las imágenes serían la mejor defensa que hice de mis padres', confesó después en su relato.
Para contar todo lo que vemos Emad se ubica con el lente de la cámara como si fuera su hijo menor Gebreel, quien nace apenas comienza el movimiento palestino para frenar las construcciones en sus modestas tierras y el desalojo paulatino de sus habitantes. Desde ese pequeño ojo, vemos como se desarrollan los hechos y cómo el menor va tomando consciencia de lo que ocurre.
El pequeño hijo, junto a los demás niños cisjordanos, son testigos de la muerte de Phil, un hombre palestino que enarbola banderas de paz y trata de reconquistar lo que le están arrebatado. En un momento de la filmacíón, Gebreel pide a su padre, con su inocencia de niño, por qué no matan a los soldados judíos con un cuchillo.
Son armas de fuego de diverso calibre las que usan los soldados israelíes para contraatacar las protestas, y las armas se usan sin discreción, muchas veces apuntando al cuerpo a matar. Como lo muestra el documental, hay momentos en que los soldados israelíes usan sus armas para disparar de frente en las piernas de los detenidos, a tan solo dos pasos de distancia.
Los soldados usan las balas para disparar no solo contra los protestantes, sino contra los periodistas que llegan al lugar para informar. Emad es también víctima de ese atentado, pero su cámara se convierte en su escudo protector. En una toma distinta, claro esta, se ve el boquerón que deja una bala incrustada que iba directo a la cabeza del camarógrafo.
El riesgo del documentalista palestino es sorprendente, pues al acompañar a unos compatriotas frente a los grandes edificios de los vecindarios recién inaugurados, vuelve a perder otra de sus cámaras, cuando un nuevo residente no sólo le emprende a golpes contra los protestantes, sino contra el camararógrafo quien pierde una cámara más. Los nuevos residentes se muestran valientes y prepotentes porque junto a ellos están los soldados armados con metralletas y granadas.
El estoicismo de Emad frente al maltrato le da una coraza igual de sorprendente. Si una cámara se pierde, hay alguien, tal vez un vecino, que le facilitará otra.
La vida en esta parte del mundo es dura, la tierra no es fértil, apenas crecen olivos y otras pocos árboles, los palestinos crían sus cabras y uno que otro venado se aparece en escena. Si el día es caluroso y ha cobrado alguna víctima, la noche también es insegura.
Los palestinos no están seguros ni en su propia casa. Ellos no pueden pasar al otro lado porque hay una valla, un muro con controles de soldados, pero ocurre lo contrario, los soldados israelies si pueden irrumpir en las casas de los palestinos a cualquier hora. Si estas soñando con un campo pródigo, la realidad te despierta a cachetadas, algunos soldados te sacuden y te envuelven en una pesadilla real.
Precisamente llegan a la casa de Emad, en la noche, para detenerlo. El se defiende filmando y diciendo que esta en su casa y en su casa puede filmar. Su cámara como arma de defensa. Sorprendente Emad gana, no en el momento. Una cámara es mil veces más contundente que un fusil.
Claro que hay momentos muy tensos para los soldados israelíes, cuando de pronto se meten con sus vehículos en una calle y son recibidos con piedras lanzadas desde todos los flancos, las piedras se lanzan con fuerza y de manera constante, pero esperen, los soldados volverán con más hombres, con más vehículos y claro con más armas.
No importa, Emad los esperará con su cámara en ristre. El sabe que es la mejor arma.
El documento fílmico le ha servido al también freelance palestino ganar el premio de mejor director del género en el festival de Sundance y ser uno de los nominados al premio Oscar. Hay que reconocer algunos premios adicionales, entre los que destaca el IDFA que se da en Holanda.
El trabajo de Emad contó con la ayuda del documentalista israleli, Guy Davidi, quien es también profesor de cine y ya se ha estrenado como director. Esto da cuenta que en la frontera hay gente judía que esta decidida a convivir con sus vecinos en paz, respetando lo que le corresponde al otro. El trabajo conjunto da cuenta de todas las cosas buenas que se pueden hacer contando con la colaboracion y el respeto del otro. Israel sabe que las guerras son despiadas y crueles, pero resulta lamentable ver que están usando lo mismo contra sus propios hermanos. Nada los diferencia salvo las creencias y hay que entender que las creencias sólo se dan en un plano, distinto. Las ideas fluyen como nubes y allí hay que dejarlas. Nadie es dueño de la verdad, cuando de ideas y creencias hablamos, si decimos lo contrario, blasfemamos.

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