Thursday, May 19, 2011

El germen de las historias de ficción.


¿De dónde viene las ideas que inspiran a los escritores de ficción? Me pregunté muchas veces. Antes no pude contestar esta pregunta, hoy por lo menos lo intentaré.
La respuesta está en todas partes y hay que aprender a mirar. La experiencia y el ejercicio constante da la oportunidad de ver dónde está la buena historia. Lo que ves te tiene que tocar, debe existir una pequeña conexión que al ser oída, olida o saboreada dispare tu imaginación. Te inspire, luego debes transpirar de manera copiosa.
Hay también, claro, la posibilidad de tocarse con algo que ya está encaminado y en espera de quien junte las piezas de ese rompecabezas. Pero como verán, esto también necesita una pequeña conexión que dispare la historia hacía un punto final armonizado. La escritora Sue Grafton refiere que sentada en una mesa para almorzar conoció a un médico forense retirado, quien le refirió el caso de un homicidio irresuelto. En la oficina de la policía de Santa Barbara había una quijada y unos dientes que alguna vez pertenecieron a una mujer. La escritora no sólo tuvo acceso a ver los restos óseos, sino que le permitieron leer todas las notas escritas al respecto. La autora de historias de detectives sólo tuvo que inventar el final. No sé si alguien pudo reconocer a la víctima, porque ese es el mérito que tienen la ficción, gracias a la imaginación, puede revelar la realidad de lo ocurrido.
Hace poco conversaba con un amigo quien me contó algo muy personal: “hoy cumplo 18 años sin tomar un trago”, me dijo. Si estuviera en Perú este señor sería todo un ciudadano responsable, pensé inicialmente, luego se vinieron a mi mente varios recuerdos. Mi tío borracho muriendo ahogado luego de caerse en un charco con agua. Mi abuelo materno yendo conmigo a la iglesia adventista para evitar caer en las garras del alcoholismo. Yo, con tan sólo ocho años, como su mejor soporte. A los 11 años mi abuelo me dejó volver a la iglesia católica de mis padres sin ninguna protesta, lo hizo porque ya había cimentado su fe y entonces sabía que jamás volvería a caer en las garras del vicio. Me veo en mi recuerdo haciendo la primera comunión, sin interesarme en el sacramento, más interesado en Cristina que en Cristo. Era, sin duda, el despertar sexual de un cachimbo adolescente.
Algo más. Hasta hoy me estoy esforzando en escribir una historia que refiere la vida de mi abuela y por más que le he dado vueltas a la historia no doy “pie en bola”. Mi abuela tuvo a mi padre cuando apenas tenía 18 años, tras un romance de juventud con un joven guitarrista y serenatero un año menor que ella. Mi padre fue el único hijo de mi abuela, ella se casó después que mi padre se casara con mi madre, pero contrajo matrimonio con un viejo homosexual que jamás la hizo suya. Se separó, él jamás le dio el divorcio. Se separaron porque el tipo la golpeaba y seguía con su comportamiento solapado de llevar adolescentes a la casa matrimonial para dar riendas sueltas a sus bajos instintos. Mi padre intervino y el tipo se fue a empellones. Para evitar las malidecencias voló lejos del pequeño pueblo donde vivíamos, allá se volvió un tipo rico y se hizo de muchas propiedades. Cuando murió alguien volvió con el chisme a la casa de mi abuela. “Dona Reidita ahora es usted una mujer rica”, le dijo a mi abuela y mi abuela cortó la comunicación con una sentencia rotunda: “Yo de ese maricón no quiero nada, que todo se lo metan al culo”.
Con todo lo que sé puedo crear una historia. Lo sé, pero me cuesta. No lo puedo modelar en mis manos porque el asunto es muy personal y doloroso. Mi padre intervino y echó al tipo a la calle porque jamás toleró que un hombre abuse de una mujer. Mi papa solía decir: “A las mujeres, ni con el pétalo de una rosa”.
Lo interesante es que la historia va madurando en mi cabeza. Ojalá se caiga en mis manos de madura. Eso ocurrirá, pienso, el día que tome una perspectiva distinta –me aleje un poco para ver mejor el panorama-. Sé que cuando eso ocurra escribiré un buen cuento o tal vez una novela corta. Sé también que la historia está en un baúl de sastre que todo escritor o aprendiz de escritor tiene en un rincón de la casa o en un cajón de su cerebro.
De ese baúl acabo de sacar algo bueno. Hace tan sólo dos días terminé la segunda versión de un cuento titiulado ‘Las mascotas de las viudas’. El título no me gusta, preferiría escribir el mismo relato en inglés y usar el título que anhelo: ‘Widows’ pets’. (Al margen de los títulos, lo que realmente cuenta es el contenido). Esta historia lo contó una amiga de mi primo en una reunion familiar donde, además, estaba una escritora. Me adelanté a decir “voy a escribir esa historia” y lo hice como me lo contaron. Salió bien. Lo publiqué en este blog, pero alguien se metió a destruir los archivos y acabó con el relato. Pobre tonto, la historia seguía en mi cabeza. La escribí y está segunda versión es mejor. Me di cuenta que al pensar la historia por algún tiempo me familiaricé con ella, la vi a fondo y ahí construí una base sólida (lo que se conoce en ficción como la ‘premisa’) por eso cuando lo escribí, el relato salió más sólido y soportará los vientos que se presenten. En algunos meses esperó publicar el relato como un cuento para que los padres se lo lean a sus hijos. “Si los animales se puedan dan amor hasta la muerte, porque los humanos nos odiamos a muerte”, es lo que dice la ‘premisa’.
Me gusta y ese es el primer punto a lograr cuando uno escribe un relato corto o una novela. Me sorprendió y creo que le sorprenderá también a quienes lo quieran leer. Si el escritor es el primer sorprendido, lo seguirán sus lectores.
Estoy tan estusiasmado con la historia que se lo regalé a mi sobrino-ahijado para que gracias a la colaboración pagada de sus verdaderos amigos y de algunos amigos míos (deben comprar el librito), Sebastián pueda pagar algo de sus estudios universitarios. El pondrá su granito de arena. Tendrá que hacer los dibujos que acompañen la historia. El librito con el cuento deberá salir entonces con su nombre y el mío. Quiero que el trabajo conjunto sea, además, su carta de presentación como artista, como diseñador gráfico. Ojalá acepte el reto con responsabilidad. El ya lo sabe…
En fin, volviendo al germen de donde salen las historias debo contar que también estoy inmerso en varios relatos que hablan de los inmigrantes latinos. Muchos tienen que ver con la soledad y el rechazo, los sueños y la realidad, la pérdida de identidad, la legalidad y el desinterés y seguramente irán saliendo otros más como el de la falta de comunicación y el miedo.

El dibujo es de mi sobrino-ahijado Gabriel Sebastián Vela del Valle.

Thursday, May 12, 2011

Reto biográfico.


"Aprende las reglas, luego rómpelas todas"
Estuve metido en un reto interesante: escribir mi biografía con tan sólo seis palabras. Es un reto que lanzó la revista estadounidense Smith. Es un reto que pegó y sigue pegando. La última que acabo de leer tiene que ver con el contexto actual en el que vivimos, dice: “Go ‘bama, No ‘sama, yo ‘mama”.¿Quién lo escribió? Sin duda una madre de familia que está satisfecha con lo que ha hecho el presidente Barack Obama en Pakistán. Refleja el estado de ánimo de quien lo escribió y da cuenta de quién es ella en esencia.
El reto llegó a mí por intermedio de mi anfitriona. Todos los meses me reúno con un grupo lindo de personas para hablar de distintos temas en español. Por una hora dejamos de lado el inglés para sumergirnos en una discusión acerca de distintos tópicos, casi siempre películas en español y recurrimos al idioma de los neoyorquinos sólo para esclarecer una idea. Hace algunas noches, María Fernanda -así se llama nuestra anfitriona- nos propuso escribir nuestra biografía con seis palabras y nos lanzamos a conquistar el pedido.
Creánme que no es fácil. Lo intenté una y otra vez, hasta que lo logré. Y aquí podría estar mi biografía. La primera y no la única: “Lo intenté sin desmayo, lo conseguí”. Pero revisando las biografías de la revista Smith encontré que ya muchos han dado vueltas con esta idea, pero han tenido el tino de cambiar las palabras. (Quién puede ser totalmente original en este momento). Así me encontré, por ejemplo, con una que dice: “Yo aprendí, yo enseñé, estoy retirado”. Nuestra anfitriona mostró el suyo: “Incansable creyente, mente joven, siempre puede”. Y nos impulsó a tratar de dar con el nuestro, el que nos puede servir como un pequeño cartel. En aquel momento del ejercicio, yo andaba muriéndome con una angina de pecho y sin poder concentrarme demasiado, me salió entonces algo así como “Cerca de morir daré mil pasos”, pero no llegó a convencerme, se parecía demasiado al del tipo que lo intentó y lo logró. Que me parece válido, pues pocos lo consiguen, no es verdad?.
Así que me seguí metiendo a explorar cuáles serían mis seis palabras que me sirvan como epíteto de mi existencia, pero aquí no quiero que el epíteto sea insultante contra mi mismo. (Hay uno que leí que me dio pena: “Arreglo baños consigo mierda como pago”. Se trata de un plomero, supongo, que no está a gusto con lo que hace).
Pero en fin. Incluso descubrí y traduje el que escribió Ernest Hemingway: “Vendo: zapatos de bebes, nunca usados”. No sé sí el autor de ‘El viejo y el mar’ lo escribió cuando andaba soñando con la idea de convertirse en padre de una niña, la misma que nunca llegó y lo hizo infeliz. (Acabo de leer, sin embargo, que Hemingway tuvo un hijo que terminó sus días en una prisión femenina convertido en mujer, luego de cambiarse de sexo. No sé si es ficción o es verdad ¿Hay algo más en esta historia poca conocida?) ¿Por qué Hemingway escribió su biografía así? No lo sabré. Pero para él significaba mucho, sin duda.
Comprendí entonces que la biografía tiene que ser muy íntima y debe dar cuenta de una parte importante de uno mismo, aunque los demás no la comprendan en su integridad. Logrando una biografía precisa uno puede verse mejor al espejo y si hay algo que mejorar lanzarse a la conquista. Lo he conseguido y si tú lo consigues puedes hacerla pública o guardarla para ti, pues te ayudará a lograr lo que desees, aunque al final tengas que decir: “Yo lloré, yo reí, lo intenté” o tal vez “No puedo cantar, lo intentaré nuevamente” .
Leí uno muy íntimo que dice: “Antiguo niño estrella busca amor, desempleado” Otro más: “Nací pobre, estudié mucho, sigo pobre”. Las madres son las que más dan cuenta de esa linda condición, aunque en este caso con algo de preocupación: “Consigo embarazarme fácil, tengo tres niños” y uno más preocupante: “Mamá de seis, asustada, viene otro”. Hay mujeres que se lamentan de lo que han hecho: “Con vida, me convertí en esposa”.
Hay también algunos quienes sin tratar de alcanzar un reto han escrito su biografía y estos vienen desde tiempos remotos y son –en algunos casos- más breves: “ Vini, vidi, vinci” y aquí como extraño el Latín de Julio César, esa lengua muerta, pero tan precisa. O el que soltara el inca Atahualpa: “Usos son de la guerra: vencer o ser vencidos”. Y está también uno que se le atribuye a John Lennon sacado de la letra de una de sus canciones “Haciendo planes y la vida pasa”.
Para seguir con el reto se los dí a conocer a algunos amigos y una genial amiga me contestó con el suyo “Persona musical colaborando con el mundo” y digo que es verdad, porque cada vez que le pido algo siempre esta dispuesta a ayudarme. Están además y para terminar los que dan cuenta de algo que sin desearlo lo han conseguido: “Deseé poco, pero recibí todo: gracias”. “Satisfecho de vivir: Dí y recibí” Un joven de 28 años dice: “No es tiempo de retirarme todavía” y da cuenta de su gran espíritu de lucha. Otro se suma con entusiasmo: “Yo busco la ruta poco usada”, aunque no sé si está siendo sincero. “Sigo buscando paz, lucharé por ella” . Muchos viven con algo para sentirse acompañados: “Buscando refugio en libros y pensamientos” y uno que me gustaría plagiar: “Finalmente me siento como un escritor”.
Cuando uno logra dar con las seis palabras de su biografía, puede seguir de manera personal escribiendo sobre la misma con mil o seis mil palabras, pues la esencia es lo que se busca para alcanzar la cumbre, el cambio, la satisfaction, el hecho de sentirse contento y sin culpa por haber desperdiciado los pasos que uno da por este mundo.

Thursday, May 5, 2011

Osama se escondía como Abimael Guzmán.


Estaba leyendo cuando el presidente estadounidense Barack Obama dio a conocer la muerte del líder terrorista de Al Qaeda, Osama Bin Laden.
Conocí la noticia a la mañana siguiente cuando mi compañero Johny Mc Giver me abrió la puerta de su auto. Fue lo primero que me dijo luego de darme el saludo de “buenos días”, en español. Johny estaba doblemente feliz, sin embargo, cuando me dio la noticia de lo ocurrido en Pakistán no le creí. Pensé que Johny bromeaba, él siempre bromea. Prendió la radio y como eran las 7.00 a.m. pudimos escuchar los titulares de la hora y luego la voz del mandatario estadounidense dando cuenta del hecho. Un comando de élite abatió a tiros al líder terrorista más buscado del mundo.
En ese momento no se dieron los detalles, los detalles comenzaron a darse en el transcurso del día.
Lo que recordé esta mañana de lunes, al escuchar al jefe de gobierno de los Estados Unidos, fue la captura de Abimael Guzmán Reynoso, uno de los líderes más sanguinarios que tuvo Perú, era el cabecilla del grupo maoísta Sendero Luminoso y había ordenado varias matanzas de civiles, la última con un coche bomba (600 kilos de anfo y dinamita) contra un edificio de clase media en pleno centro de Lima, donde murieron muchos, así como que resultaron cientos de heridos. Fue la gota que rebasó el vaso, y así se lo conté a Johny.
¿Sabes dónde vivía este terrorista? Bajo las faldas de una mujeres tontas que le rendían pleitesía. Se escondía en un segundo piso de una casa donde funcionaba una escuelita de ballet. La escuela estaba dirigida por una mujer joven, bonita y muy acomódada económicamente, quien lamentablemente estaba coludida con el terrorismo. Luego le referí a Johny la historia de Víctor Polay Campos, el otro cabecilla del terror en Perú, quien se fue a cenar en un restaurante ubicado al costado de una estación de policía. Felizmente un policía lo reconoció y lo detuvieron. Pero antes, Polay había fugado de un penal limeño por un túnel y junto a él se fugaron un buen número de sus seguidores.
Me sorpreendí luego al descubrir algunas coincidencias entre lo que pasó con Abimael y el final de Osama Bin Laden. Vivía en el piso más alto de una casa en el barrio de clase media conocido como Bilal Town, a una hora en auto de Islamabad, capital de Pakistán. (En el 2005 el dueño de la propiedad dijo que fortificó su casa, como lo hizo, porque tenía muchos enemigos).
Alguien por fin hizo una lectura correcta e inteligente, sin ahogamientos ni más torturas, pensé. Hace algunos días, un grupo numeroso de terroristas fugó de una carcel de Afganistán por un túnel construido de la calle a la prisión. Al parecer en Al Qaeda alguien estaba leyendo y copiando las acciones de los terroristas peruanos. ‘Había que tomar una decisión rápida’, creo que pensó alguien en la CIA, con todos los datos acumulados.
Al llegar al trabajo hice mis labores escuchando National Public Radio y los detalles fueron apareciendo, matizados por el comentario de los otros compañeros de trabajo. Un colega dijo que al escuchar el domingo que Obama se iba a dirigir a la nación, algo importante se venía. Quizás su renuncia, agregó con humor republicano. Obama para el parecer de muchos estaba gobernando mal, se veía falto de reacción y su reelección se alejaba de sus manos. Sin embargo, como buen político tenía algo, “un as bajo la manga”. Escuché comentarios como que ‘al fin se puso los pantalones y ordenó que se realizara la acción militar corriendo todos los riesgos’.
Sí Alberto Fujimori, el otrora presidente peruano hubiese estado en su oficina dirigiendo la captura de Abimael, pensé. Quizás hubiesemos tenido una copia histórica más, pero lo que pasó en Perú sirvió para que Obama obrara mejor. En Perú, Fujimori estaba pescando en el Amazonas, sin saber lo que hacían los miembros del GEIN, un grupo de valientes policías que usando la inteligencia andaban tras los pasos del terrorista más buscado en Perú. Felizmente los policías no avisaron a Fujimori de su acción, el marcado protagonismo del “chino” pudo traer por tierra el operativo y la captura del ‘cachetón’. Cuando Fujimori se enteró se acababa de comer una gaminata pescada en el río y se indigestó de verdad, no hubo bacalao para Fujimori, hubo una gamitana. El entonces presidente peruano regresó a Lima molesto de sus cortas vacaciones y los peruanos tuvieron que esperar que le pasara la indigestión. Acostumbrado a estar al “tanto de todo”, los policías se guardaron los detalles de la operación y se lo dijeron después. Fue un momento importante para coecionar todo el país, pero Fujimori estaba irritado y trató de restar méritos a los policías. Obama no. Fue sobrio cuando dio a conocer el éxito de la operación ‘Geronimo’. No dijo mucho, pero con lo que dijo bastó.
Barak Obama ordenó actuar a un grupo especial de los Navy Seal pasando de Afganistán a Pakistán (ambos países limitrofes) para llegar en dos helicópteros hasta Bilal Town, en Abbotabat, y acabar con el líder terrorista, Osama Bin Laden. Lo más difícil de un ser humano es dar una orden de este tipo, acabar con otro ser humano, por muy equivocado que este, pero Obama asumió el riesgo.
Hasta el momento no me queda claro la participación del gobierno y los militares pakistaníes. Hemos escuchado algunas versiones, pero nada más sensato que la opinión que me dio mi sobrino André, un adolescente de 16 años, a quien le gustaría ser profesor de Historia: “Forzamos a Pakistán a aceptar nuestros helicópteros una vez que entramos en su territorio. Están con nosotros, nos ayudan haciéndose de la vista gorda, o están a favor del terrorismo”. A los pakistanies no le quedo más opción que el de hacerse los ‘suecos’ en su propio territorio. Todos saben que los estadounidenses desconfían de los pakistaníes desde hace muchos años y así lo han expresado hoy abiertamente. Es más, para algunos los pakistaníes juegan a cuatro bandas en esta difícil zona del medio oriente.
Un comando de élite que va a una misión tan arriesgada y que no desea reportar muertos o heridos en sus filas, sencillamente entra a matar para evitar dichos riesgos. Además, las autoridades estadounidenses deben de haber contemplado: “¿un terrorista muerto o un soldado muerto?”, la respuesta no exige una inteligencia superior, basta el sentido común. ‘Geronimo EKIN’ fue la clave que dio respuesta a la operación exitosa. Osama, el enemigo está muerto en la acción.
Sin embargo, un helicóptero colapsó poniendo en riesgo al operación. Entonces hay que hacer una pregunta a quien corresponda ¿qué pasa con esos helicópteros?. Ojo, no es el primero. Fueron los soldados del Navy Seal los encargados de tomar la decisión y en el terreno resolver la situación. Al final siempre son los hombres quienes ganan una batalla o una guerra.
Osama vivía en una casa fortificada, sin conexiones telefónicas visibles, pantallas parabólicas o una antena de televisión, típica de una casa de familia acomodada, fue un detalle que llamó la atención. Los cálculos hablan de un millón de dólares cuando se refieren al costo de la vivienda, ahí en el piso superior vivía el líder de Al Qaeda, tal vez confiando en su buena suerte y creyéndose como todos estos líderes, sin duda, como los ‘elegidos’. Esa confianza lo llevó a fallar.
La inteligencia, quiero creer que esa inteligencia que cree en el trabajo paciente y metódico, antes que el mal héroe de spaguettis que puede apelar a la crueldad, fue el que ganó esta batalla. La inteligencia ya había logrado dar con un mensajero que le llevaba y traía los recados a Osama Bin Laden. Del individuo sólo se sabía su alias, hasta que se logró identificarlo: Abu Ahmed Al Kuwaiti. Este contacto llevó a la inteligencia hasta la cueva del ‘lobo’. Ahí los comandos del Navy Seal lo abatieron con dos tiros, uno a la cabeza y el otro al corazón, ambos disparon para asegurar que el objetivo este sin ninguna posibilidad de contraatacar. Se dice que los comandos tomaron el cuerpo de Osama, destruyeron el helicóptero averiado y salieron del barrio de Bilal Town. Un helicóptero más había llegado al socorro, pues eran los de la contingencia en caso que algo resultara mal. Los comandos volaron las naves con dirección al mar y allí, nos dicen, tiraron el cadáver del líder de Al Qaeda. Acabo de leer que la hija de Osama, herida y curándose en un hospital pakistaní, a dicho que su padre se rindió y que los comandos lo eliminaron.
Aquí vuelvo al caso peruano que me lleva a creer que los involucrados en este acontecimiento con final trágico -siempre una vida perdida es de lamentar- estuvieron viendo y leyendo con acuisiosidad lo que pasó en Peru durante esos tristes años del terrorismo y también estuvieron inmerso en la Literatura peruana. En la novela ‘La guerra del fin del mundo’ Mario Vargas Llosa cuenta la historia de un líder que puso en riesgo a toda una nación con sus creencias apocalípticas. Se generó tal clima de violencia en esta zona desértica que se involucró a todo el ejército en una batalla para frenar lo que ocurría. Cuando este líder muere, sus restos fueron arrojados al agua.
A veces la realidad calca a la ficción. Volveré a lo que estaba leyendo cuando ocurrían los hechos que terminaron con la muerte de Osama Bin Laden.

Thursday, April 28, 2011

Mirando 'El Aleph'.


Hay cuentos memorables. Hay cuentos a los que volvemos más de una vez y siempre nos quedamos deslumbrados. Uno de esos cuentos es ‘El Aleph’. No soy el único lector de ese relato escrito magistralmente por Jorge Luis Borges, sin duda hay miles de lectores que vuelven una y otra vez al cuento del maestro argentino.
Hace algunos años empezó mi constante y detenida visita al libro para poner especial atención a este relato. Es más, en un taller de narrativa que se dictó en la Universidad de Ciencias Aplicadas, el joven narrador cubano Ronaldo Menéndez (no sólo el fútbol tiene a Ronaldo) nos hizo escarbar con pinzas entre las palabras escritas por Borges.
En aquella oportunidad conocí la técnica de las cajas chinas. En El Aleph Borges hace uso de este recurso literario para contar tres historias que forman parte de uno central. El primero esta representado por el amor obsesivo que Borges siente hacia Beatriz, el segundo es el arte como expresión de un todo, aquí se observa la concepción del arte y la relación de los artistas –Borges y Carlos Argentino Daneri- y el tercero es El Aleph mismo que habla del infinito.
En el relato Borges plantea un bloque inicial en el que cuenta todo lo que necesita para armar su historia, allí están sus personajes en relación con el mundo vivido e imaginado, real e irreal, presente y pasado que por cierto nos llevara a un futuro porque así es el lenguaje, nos dice Borges más adelante. Beatriz será el remo que nos guiará en ese pequeño río, mientras avanzamos en el bote con Borges y ella aparecerá sólo cuando sea necesario. Este cuento tiene cuatro o cinco niveles de lectura, la primera es una historia de amor, otra una suerte de autobiografía, hay una alegoría pues se asocia el cuento con la Divina Comedia, novela escrita por Dante Alighieri (basta ver inscrito el nombre de Beatriz para suponer lo expresado) y sin ninguna duda este es un cuento fantástico.
Un cuento se vuelve fantástico gracias a la ‘teoría de conversión’, decía Menéndez. Borges llega a la salita y evoca a Beatriz a quien ve en fotos desde niña hasta poca antes de su desaparición física. Recuerdan a Beatriz en tres cuartos, de perfil, esa es su primera conección; con el pekinés que le regalaron. No hay nada gratuito en todo esto. Le habla como pidiendo permiso para descender a encontrarla a solas y verla aunque sea con otro. En ese momento sabemos que Borges irá a encontrarse también con lo fantástico.
El lenguaje en El Aleph es algo tan bien usado. Basta mecionar algunos ejemplos: “cambiará el universo, pero yo no, pensé con melancólica vanidad”. En el propio lenguaje comienza uno a comprender la tensión que se necesita para hacer avanzar un relato como el escrito por el argentino. “No estaría obligado, como otras veces, a justificar mi presencia con módicas ofrendas de libros. Libros cuyas páginas, finalmente aprendí a cortar, para no comprobar meses después, que estaban intactas”. Con esta frase sabemos que el amor de Borges no fue correspondido y nos dolemos por él.
En el relato, Borges nos da información con calma. “Ejerce un cargo subalterno en una biblioteca ilegible”, dice al comienzo refiriéndose a Carlos Argentino Daneri, luego el personaje nos muestra unos poemas escritos en unas hojas de la biblioteca Juan Crisóstomo Lafinur. Del primo de Beatriz nos dice que es un tipo con una actividad mental continúa, apasionada, versátil y del todo insignificante”. Con lo que cuenta, además, nos habla de cierta rivalidad y lo que es peor, este tipo nada interesante es el que gozó del amor de Beatriz. ¿Quién es Beatriz para preferir al otro, dejando a Borges de lado?.
Al principio veremos a Borges llevando una botella de cognac, más tarde veremos para que sirve el licor, tal vez para envenenarlo, porque Daneri también podría estar loco o desconectado de la realidad.
Una de esas noches Daneri le muestra sus poemas, sin saber realmente por qué. ¿Sólo por ostentación intelectual? No, el relato necesita eso. Dos domingos después lo cita para pedirle el prólogo. Aquí, una vez más, el lenguaje es contradictorio y le da más tensión al relato. “El hombre iba a pedirme que prologara su pedantesco fárrago (Fárrago es una palabra bien seleccionada, Borges no confía en la calidad del poema), sin embargo, “mi temor resultó infundado”, el primo de Beatriz deseaba que sea un plumífero de garra quien escribiera el prefacio.
Lo que dice Borges o su personaje acerca de los críticos es interesante: “no disponen de metales preciosos, ni tampoco de prensas de vapor, laminadores y ácidos sulfúricos para la acuñación de tesoros, pero pueden indicar a otros el sitio del tesoro”.
Para sumar la tensión, Borges habla por boca de Daneri de la casa de los Zunino y Zunni, los dueños de la confitería que al principio es reconocido como uno de los más encopetados de Flores. Sin embargo, Daneri los menciona después como los ‘ilimitados’ que tratan de demoler su inveterada casa.
Es en esa instancia que Borges recibe la noticia del Aleph. Borges se alegra y lo que es más ‘se colma de felicidad’ cuando piensa que Daneri está loco. Pero ese loco le da una copa de seudo coñac para que pueda bajar al sótano y busque la ubicación perfecta debajo de la escalera. Antes del descubrimiento, Borges se pregunta sí no se habrá dejado soterrar por un loco que pretende defender su delirio. Más tensión a la trama. ¿Morirá Borges antes de ver lo que está más allá?. Y de pronto aparece el inconmensurable universo.
Beatriz no se ha perdido, Borges habla de ella cuando piensa recomendar a Daneri, como el primo de Beatriz, así la volverá a evocar. Al descender al sótano Borges se encuentra a solas con ella y lo que es más doloroso para él, la descubrirá escribiéndole cartas obscenas a Daneri. Para no discutir del Aleph después de su experiencia, el escritor usará un recurso pequeño, pero efectivo, se niega a hablar con Daneri del mismo y se venga de él sugiriéndole la demolición del inmueble para que pueda seguir escribiendo sus poemas. Claro que ya Borges nos hizo una descripción de lo que ha visto. Incluso a visto su cara, tu cara y la mía.
Borges tiene un humor negro genial. Hace que Daneri gane el Segundo Premio Nacional de Literatura. Su obra no gana un solo voto. Viejo va olvidando incluso los rasgos de Beatriz, quien es la que abre y cierra el relato.

Friday, April 22, 2011

Elecciones, mirando lo que ocurre en Perú.


Lo que ocurre en mi país es de no creer. La hija de un dictador como Alberto Fujimori pelea la posibilidad de convertirse en la nueva presidenta peruana. Quien logro el primer lugar en la primera vuelta es un candidato que muchos tíldan de hijo putativo de otro dictador, del de Venezuela, sin embargo, el que también tienes buenas posibilidades de acceder al sillón del Palacio de gobierno peruano dijo que no tiene vínculos con Chávez, más bien se siente allegado a Lula da Silva.
Lo cierto es que hoy reina una incertidumbre entre las mentes pensantes de Perú. ¿A quién elegirán los peruanos en esta segunda vuelta? Es la pregunta del millón. Los pensantes se han adelantado a decir que no votarán por Keiko Fujimori, así se llama la dama en cuestión, porque representa sólo una cara no tan nueva a la careta que nos obligó a usar su padre durante su gobierno dictatorial. ¿Cuál es la central plataforma de lucha esgrimida por la señora Keiko Fujimori de llegar al gobierno? Liberar a su padre de la cárcel. (Aunque algunos juren por Dios, blasfemando, que eso no ocurrirá).
Mario Vargas Llosa, nuestro flamante premio Nobel de Literatura, se ha negado a recibir a la señora Fujimori y creo que se ha negado a recibirla por la sencilla razón de no prestarse a un juego muy bien planeado políticamente. Después algunos miembros del grupo de Fujimori han salido a la palestra a tratar de dejar en ridículo al escritor, tratando de confundir el asunto. Creo que MVLl no recibió a Keiko porque ella no ha hecho un deslinde tajante con su padre. Quizás Vargas LLosa hubiese querido escuchar un deslinde a raja tabla: “mi padre seguirá en la cárcel, porque se equivocó, porque obró haciendo mal uso de su poder y abuso y como hija lo lamento y pido perdón, pero ese ejemplo no se seguirá”. Tal vez en ese caso MVLl hubiese aceptado. Tal vez. Mario sabe muy bien acerca de eso de ‘hacer deslindes con su progenitor’, porque un ser humano tiene que aprender a “matar” todo lo malo que muchas veces recibimos del padre. Y ojo que puse “matar” comillado porque hablo de manera figurada. Bueno, pero no seguiré con esto, porque no se trata de hacer un estudio psicológico del autor de ‘La fiesta del Chivo’, sino de hablar de las dificiles elecciones que hoy enfrentamos en Perú.
La señora Fujimori también ha salido a tratar de ridiculizar al escritor diciendo que Vargas Llosa no ha leído su plan de gobierno, pero cómo alguien que escribe bien va a leer algo que tiene un mal encabezado y eso que lo han hecho quienes tienen buenas nociones de escribir. Pero no, Vargas LLosa no leerá eso que le pretenden imponer con nuevo estilo. Ni lo sueñen. Entiéndase bien, Mario Vargas Llosa es un buen votante.
Mientras los fujimoristas tratan de convencer a los electores para ser elegidos tratando de subirse de mala manera al saco del escritor, el candidato que tiene la otra opción ha ido sumándose puntos por decimales. Y con esto no quiero decir que sea mi opción. No. Me preocupa. Los periodistas tenemos que arrancarle a Ollanta Humala el compromiso con la democracia y con la libertad y lo tenemos que decir claramente, aunque parezca un pleonasmo. Y hablo bien, los periodistas somos quienes lucharemos por esas libertades. No los dueños de medios que lo único que buscan son defender sus intereses, no, de ellos no hablo. Siempre los periodistas hemos sido los mascarones de proa de algunos dueños o directivos que nos lanzan a su lucha interesada sin importarles que nos dañen o nos vean como los responsables del asunto.
Lo que acaba de ocurrir en Lima me tiene sorprendido. Dos periodistas del Canal N, a quienes conozco, acaban de ser despedidos de sus respectivos puestos, por no haber apoyado a Keiko Fujimori y por haber deslizado un ‘rostro humano’ de Ollanta Humala, a decir de los dueños de dicho medio. Y al leer lo ocurrido me he llenado de ira primero, luego reflexionando un poco le escribí a Patricia Montero, así se llama la productora despedida, una pequeña nota de solidaridad en su cuenta de Facebook.
¿Qué es lo que buscan algunos dueños de un medio de comunicación importante con este tipo de directivas? Las directivas que se suelen dar de manera verbal para evitar dejar alguna evidencia y defenderse contraatacando cobardemente a quienes denuncian, si el caso se presenta en una instancia judicial. ¿Acaso no hemos sido testigos de cómo se compraban consciencias? Basta recordar el videíto donde aparecía Kouri recibiendo dinero de Montesinos y que este último hacia su ‘trabajo’ siguiendo algunas directivas. ¿Acaso hay algún otro videíto merodeando? No acuso, sólo pregunto y lo escribo, mejor, para que se entienda bien. ¿Qué intereses en juego se están defendiendo? ¿Han hecho un sesudo análisis de lo que podría ocurrir? No con sus negocios, sino con la estabilidad del país. Entiendo que ambos candidatos tienen vocación dictatorial por sus respectivos pasados, una la hija de un dictador que se convirtió en su primera dama y el otro un oficial retirado que lideró una pequeña revuelta y con un hermano en cárcel por su asonada mal planeada. Pero realmente, ¿quién podría patear el tablero para lanzarnos nuevamente a una dictadura?. Uno lo hizo desde arriba y el otro lo hizo de abajo, insubordinándose.
La coyuntura es difícil, debería de pintar un horizonte más claro, pero no puedo en un espacio pequeño resolver el futuro. Pecaría de ingenuo. Por eso mi función de periodista es, hoy, y será siempre, el de defender a todos. Bregaré por la libertad, sin entregarme a ninguna opción, buscando siempre el compromiso de quienes están usufructuando el poder de no pisotear a quienes están abajo o en desigualdad de condiciones. El poder no debe significar aplastar a los otros, sino construir un país e integrar. Hay algo que me preocupa, parecíera ser que el señor Fujimori y algunos otros políticos no aprendieron, quizás jamás lo hagan, que mañana tarde o temprano la justicia llega y que no hay un poder que no caiga. Hoy es ese el miedo de Chavez, él sabe que si pierde su mal trono se dará de hocico en la dura realidad y perderá no sólo las muelas. Ojalá nadie siga su ejemplo en el Perú. Los dictadores terminan mal, sino por que no leen uno de los buenos libros de Historia, o tal vez una buena novela de Mario Vargas Llosa, les sugiero ‘Conversación en la Catedral’ o ‘La Guerra del fin del Mundo’.

A Patty Montero, quien se ha ganado una condecoración valiosa de prensa. A veces eso pasa cuando te despiden de un canal.

Wednesday, April 13, 2011

Gritos y graznidos (Ficción)


‘El día estaba radiante. No quemaba, pero el sol brillaba. Bugs Bunny había salido de cacería con su escopeta de dos cañones. Se acercó al lago donde los gansos nadaban y se zambullían buscando algo de comer. El conejo tomó su largavista y miró más de cerca el objetivo que deseaba. Dos gansos salieron de pronto del agua, corrieron y alzaron vuelo. Bugs Bunny levantó la mirada y algo desagradable le cayó en el ojo derecho. Se limpió molesto y cambió su escopeta a un arma que se parecía a una metralleta. Apuntó y cuando iba a dispararar…’
-Basta Joe!. Te has pasado toda la mañana sin hacer nada, sentado frente al televisor y es hora de que hagas algo por tu vida- dijo una mujer gorda apagando el televisor y sermoneando desde muy cerca de la pantalla.
Joe había perdido la sonrisa que tenía mientras miraba la pantalla y disfrutaba de los dibujos animados. Trató de decir algo cuando su mujer lo dejó con la palabra en la boca. Ella se volteó y limpió el aparador de madera donde estaba el aparato, ahora en silencio. Todo estaba desordenado en aquella pequeña sala, los cojines de los muebles andaban tirados en el piso. La mesa de centro había perdido el vidrio que debía ir encima, sin embargo, en la tabla de la parte de abajo de aquella mesita habían dos latas cervezas: una vacía y la otra con algo más de la mitad. Las revistas dedicadas a la programación televisiva, el tejido a crochet y Mecánica Popular colgaban de los extremos de la mesa y estaban a punto de caer al viejo carpet manchado.
Joe prefirió no pelear, tenía la boca amarga, pero no le importó. Se paró, caminó alrededor de la mesa, no se percató que tocó las revistas y éstas se vinieron al piso.
-En tres años cumplirás cincuenta, pero sigues siendo un niño- dijo ella, irritada.
Joe dio una vuelta tratando de alejarse de su mujer y al mirar la puerta decidió salir. Tiró la puerta al ganar la calle y escuchó los gritos destempleados de su mujer. Subió a su auto, sin interesarse por el asiento que andaba con el cuero roto, tomó la llave que había dejado olvidado en el tablero de control, le dio al encendido y el vehículo también rugió. Apretó el botón respectivo y el mecanismo del antiguo Chevrolet tiró agua a la ventana delantera. Cuando el parabrisas cesó su movimiento de izquierda a derecha y viceversa, Joe pudo ver el camino.
Joe movió la palanca de cambios y partió sin ajustarse el cinturón al pecho. Cuando tomó la avenida principal miró las tiendas, pero precisó su mirada en el local de “7 Eleven” y hacía el lugar se dirigió. Antes de entrar al establecimiento, se paró, miró con detenimientro al costado izquierdo y cambió de rumbo. Sus pasos tomaron mayor determinación, esbozó una sonrisa cuando jaló la manecilla de la puerta de ingreso a ‘Petco’, una tienda con artículos para mascotas.
Joe había perdido el trabajo seis meses atrás y desde entonces volvió a las andadas. Al principio se sentó frente al televisor, bebiendo desde que despuntaba el día. De noche iba a la barra del bar de los irlandeses que tenía como dueña a una inmigrante polaca que en sus buenos tiempos retaba a beber a sus clientes. Ella tomaba vodka, mientras los clientes, que en mayor número eran irlandeses o sus descendientes, bebían whisky. Era una buena forma de alentar el negocio.
Al rato Joe salió de ‘Petco’ con una bolsa que decía ‘alimentos para aves’.
Joe había tenido un romance con Eva, la polaca, aunque la primera vez sólo durmieron juntos después de la borrachera que se dieron. Comenzaron días más tarde una relación que de amor no tenía nada, era algo así como la relación de dos seres heridos que se juntan para lamenrse las heridas. De sexo había poco, porque ambos preferían beber.
Eva fue muy tolerante con Joe. Alguna vez lo socorrió en el baño, cuando él se quedó dormido en el toilete, le limpió con su inmenso pañuelo de seda cuando le descubrió que sangraba al defecar. Ella en aquel momento estaba sobría y le rogó a Joe que dejara de beber. Joe no le hizo caso inicialmente y le tapó la boca lanzándole un beso agradecido. Recién reparó en la posibilidad de dejar de beber cuando Tom murió. Joe fue hasta el Funeral Home, ebrio, se acercó al féretro de su amigo y estuvo hablando con aquel cuerpo sin vida por algunos minutos hasta que se desplomó. Por más esfuerzos que hizo no se pudo mantener en pie, se balanceó y cayó, pero al tratar de no caer al piso se abrazó al ataúd y el ataúd se vino con él al piso. A Joe lo sacaron debajo de una corona de flores que se le había venido encima.
Tom, pobre Tom. El amigo se había quedado dormido en el parque, cayó al borde de la banca, llovió, el agua se empozó junto a su rostro y como estaba inconsciente y borracho no pudo reaccionar y se ahogó. Lo ocurrido creó una conmoción en Joe. Cuantas historias con Tom, habían sido echados de una casa cuando borrachos Joe comenzó a gritar “mi hermana se ahoga, ayúdenla, sálvenla, por favor”. La cara de Joe era un verdadero espanto, se había quedado dormido en el mueble de aquella casa y cuando despertó, gritó pidiendo ayuda y golpeó la puerta de uno de los dormitorios de donde salieron una mujer y su esposo. ‘Mi padre está lejos, cazando, y mi hermana se está ahogando, ayudenla, por favor’, les gritó.
-Aquí no hay nadie más, y por favor no siga, queremos dormir. Por favor, váyase de aquí, retírese-.
Joe volvió a su casa aquel día. Aquel día decidió aceptar lo que su esposa le sugirió, ir a visitar la Asociación de Alcohólicos Anónimos.
Joe fue al centro y dejó de beber por algunos días. Junto a quienes trataban de dejar de beber le costó aceptar -quizás nunca lo aceptó- que estaba enfermo. Sin embargo, Joe destacó en el centro con su buen humor. El hecho de haberse limpiado con un inmenso pañuelo de seda, luego de haberse quedado dormido en un baño y con la historia de su rescate debajo de un ataúd, se ganó la simpatía de sus compañeros. Todos, además, se animaron a contar sus propias historias y pasaron un buen rato. Habían algunos que habían pasado por la misma situación en un baño y habían terminado limpiándose el trasero con un pañuelo o un par de medias, cuando no encontraron papel por ningún lado.
A Joe le gustó el centro de atención y ayuda para alcohólicos, al principio, pero después como que cayó en una fuerte depresión. Temblaba y jamás pudo mantener la mirada directamente a los ojos de su interlocutor. Se sentía culpable de su cobardía, de su falta de valor y volvió a beber al cabo de algunas semanas.
Alguna vez llegó al bar manejando, cuando se bajó, apenas podía mantenerse en pie, descansó unos minutos y al despestar se encontró con un policía alcohólico con quien siguió bebiendo. El policía lo socorrió y se lo llevó hasta su casa, tocó la puerta con fuerza y lo dejó tirado en el lugar. Al día siguiente Joe no supo como había llegado a su cama, donde durmió con zapatos y con toda la ropa encima.
Joe sonrió al salir de la tienda de Petco, puso su carga en el asiento posterior de su destartalado auto Chevrolet y después de limpiar con sus manos el resto de la luna delantera que seguía sucia se sentó al volante. Limpió sus manos en sus pantalones y prendió el motor.
Tomó la avenida central y cruzando varios pueblos llegó hasta un lago donde habían algunas bancas. Los graznidos que hacían los gansos que nadaban en el lago fue ensordecedor. Parqueó su Chevrolet, esta vez quitó la llave del tablero cuando apagó el motor y se lo metió al bolsillo. Abrió la puerta de atrás y sacó la inmensa bolsa con comida para aves. Con su carga llegó a una de las bancas, la puso en el asiento y se sentó. Abrió la bolsa y sacó unos granos que contó, eran doce, como la edad de Margaret, el día que murió. Tiró los granos de inmediato, como sí le quemaran la mano. En el estanque pudo ver como los gansos se avalanzaban tras la comida. Como empezaron a pelearse por lo poco que había, Joe fue sacando la comida y lo tiraba compulsivo. Uno de los gansos se atrevió a salir del pequeño lago y se acercó a la banca de Joe, otro ganso le siguió y cuando Joe tiró los granos comenzaron a tratar de ganarse lo que había en el piso. Joe rió con lo que veía, algunos gansos llegaron volando directamente al agua y al ver a Joe tirando la comida, nadaron de prisa hasta el borde, donde Joe estaba sentado. Joe se paró y tiró los granos, cada vez más lejos al principio, luego más cerca y se complacía al ver como los gansos se movían. Los más atrevidos se acercaron a la bolsa y metieron el pico para alcanzar el alimento. Joe los ahuyentó. Riendo, cansado, Joe se sentó. Vio entonces como los gansos volvían al agua. El ganso que se acercó a Joe buscó a otro y se subió encima, era una hembra con la que copuló. Luego, el ganso se sentó a descansar, mostrando su sexo satisfecho y flácido. Joe rió con ganas hasta que una lágrima llegó a sus ojos.
Recordó que alguna vez fue a cazar y no le atinó a nada. El día estaba radiante y soleado. Su padre le reprendió por gastar las balas y por espantar a los gansos que habían llegado al lago. Cuando su padre se alejó y fue en busca de los gansos para cazarlos, Joe se quedó con su hermana, quien le retó a nadar en el lago. Con ocho años, Joe no se atrevió a tirarse y sólo mojó sus pies en el agua, aquel día que vio con lágrimas en los ojos como Margaret se perdió de su vista sin que el pudiera gritar.

Thursday, April 7, 2011

Amorcito corazón (Segunda parte).


Mi corazón seguía aquejado por un dolor perenne. A las once de la noche aproximadamente las enfermeras del departamento de cardiología me midieron la temperatura y me sacaron sangre por última vez, esta vez querían medir mi colesterol, eso según la enfermera filipina que me atendió. Luego me dejaron dormir. Jamás duermo en una sola posición, pero ese viernes dormí boca arriba y sin moverme. Mi madre y mi familia no sabían qué me estaba ocurriendo, pero mi madre intuía, me lo contó después: ‘mis pezones me estaban doliendo y le dije a tu hermana, alguno de mis hijos está en peligro’.
Dormí como un bebé, con todos los electrodos colocados en mi pecho. La orden fue que no comiera nada, ni tomara agua. A las 6 de la mañana me despertó una enfermera, lo supe porque pregunté la hora. Nuevamente trataba de seguir el procedimiento de medirme la temperatura y lo que viene en seguida. Los árboles estaban ahí afuera y el viento matutino mecía sus ramas. Noté, además, que llovía.
-Quiero bañarme. ¿Puedo? – pregunté.
-No- fue la respuesta. Me olía mal, durante toda la noche había sudado mucho.
El viejito dormía a mi costado. Cuando la enfermera le despertó, protestó. “Leave me alone”, una y otra vez. Monótono y repetitivo. En inglés no había más expresiones adicionales que significaran lo mismo, me interrogué.
Al rato llegó Rocío. Una amiga peruana que por sus méritos era la jefa de enfermeras del piso. Sabía que ella trabajaba ahí y me sentía en buenas manos. Había un inmenso aprecio mutuo y se que ella iba a tomar mi caso con atención. Me dijo que había ido a verme en dos oportunidades, pero que me encontró profundamente dormido. Para ella eso era un buen síntoma. “Está relajado, porque duerme complacido”, es lo que pensó. Le pregunté si me escuchó roncar y me dijo que no. Me gusto saber eso, habían días que mis horribles ronquidos me despertaban asustado.
Me comentó lo que me iban a hacer en el otro hospital y me pidió que me relajara. Si deseaba, ella ordenaría ‘xanax’ en una dosis baja para calmarme. Desistí agradecido.
Bromeó conmigo. Me dijo que me veía muy solitario y no me dio tiempo a decirle qué es lo que estaba haciendo: “escribir y leer no es un trabajo grupal. Escribiendo me relajo”. Me dio su número de teléfono celular para que le comentara luego como me había ido durante la sesión de cateterismo al que me iban a someter. Me sorprendieron cuando me trajeron el desayuno y al consultar sí podía comer, me dijeron que sí. Como yo andaba con hambre, devoré casi todo. No comí los huevos revueltos que me dieron y me dejaron pensando, “nada de frituras y me estaban dando huevos fritos”. Reí por la pequeña contradicción.
Al promediar las 10.30 de la manana llegaron los encargados de la ambulancia. Phillip y Tom. Dos tipos altos y robustos que parecían guardaespaldas. El último se quejó con su colega de mi fuerte acento hispano cuando me escuchó decir algo en inglés. Como le entendí dije:
-You don’t like my strong accent, don t you? But I will try to say something better and soft.
Se disculpó. Y yo bromeé. Como no me conoce no sabe lo divertido que puedo ser, pensé. Bromeando nos fuimos de un hospital a otro. Yo trataba de relajarme y sonreía con mis ocurrencias.
-My nephews also complain about my Spanish accent. I can’t say ‘shit’ correctly- dije. Reímos. Cuando nos despedimos Tom me deseó lo mejor y yo le dije que estaba feliz con su trabajo, que le deseaba suerte y que iba a orar pidiendo que pudiera vender su casa a buen precio. Me deseo suerte también y cada uno tomó su camino. No creo que me vaya a morir, pensé. No quiero.
En el hospital me llevaron a una sala con una veintena de pacientes que esperaban algo que yo también necesitaba. El ajetreo era constante. Si tu pedías algo a las enfermeras, ellas te atendían, pero en el trayecto llegaba otro paciente y la enfermera hacía algo distinto olvidando tu pedido. No es que te dejara porque quisieran, sino algunas veces el caso que venía era más delicado y dramático.
En la sala se veía algunos jóvenes, adultos y ancianos. Al costado de mi cama colocaron a una mujer que dijo ser soltera, pero precisó que tenía 9 hijos. La enfermera se sorprendió porque la mujer centroamericana insistía en su soltería cuando un intérprete le preguntaba acerca de su estado civil. Yo reía tratando de olvidar que mi corazón seguía molestándome con esas pequeñas mordidas que iban del pecho a la espalda.
Más tarde traté de meditar en ese espacio donde el ajetreo era constante, pero no pude. Me dormí. De pronto, alguien me despertó. “Soy el doctor Lucas Boutis. En qué idioma desea que le hable”. “Cualquiera”, contesté. Para mi sorpresa tenía el nombre de mi sobrino Lucas, de quien mis familiares dicen que es un indigo y el médico se parecía a Daniel, el hijo de mi ‘mamá Lucha’ (así llame a mi vecina que era una viejita que me adoraba y que para sus hijos fui el primer bebé al que toleraron en sus malacrianzas. Ellos eran capaces de sentarme a la mesa mientras almorzaban y yo podía echar los platos al piso para su risa y su felicidad). El doctor me dijo que esperara que él se estaba haciendo cargo de mi caso. Pasaría a una sala distinta en aproximadamente media hora. La espera se prolongó varias horas. Al promediar las cuatro de la tarde entré a la esperada sala de operaciones. Dos enfermeras jóvenes y muy guapas me llevaron hasta el lugar y yo estuve todo el rato bromeando con ellas para aliviar mi nerviosismo. Cuando me tuvieron en la cama quirúrgica me pidieron quitarme los calzoncillos y me sentí avergonzado, llevaba dos días con la misma trusa. Sin que me diera cuenta, una de las chicas me destapó y me afeitó en un dos por tres. “Cuidado me vayas a cortar”, bromeé. En el mismo ambiente había una dama más preparando todo lo que iban a usar en mi cirugía. Me resultó incómodo estar solo y desarmado exhibiendo lo poco que tenía sin hacer nada frente a tres damas jóvenes y bonitas.
El doctor Lucas Boutis llegó y me explicó lo que iba a hacer. Frente a él habían tres monitores de televisión. A la altura de mi pecho estaba algo así como una caja de metal que se movía en 180 grados y que luego el doctor me explicó era una cámara. Me iba a pinchar una vez en la ingle y que ese sería el primer y único dolor que sentiría. Boutis iba a introducir por mi vena femoral un tubo que llegaría hasta la aorta. No sé por qué pensé en Paquirri, ese torero que murió en un ruedo tras ser embestido por un toro. Lo que tenía presente era su valentía, él decía a sus socorristas “tranquilos, todo va a salir bien” y estaba sangrando por la femoral. Por ese tubito Boutis iba a colocar un líquido azul que le serviría para hacer evidente mis arterias coronarias en el corazón frente al televisor para determinar qué es lo que realmente me afectaba.
Desde mi posición yo podía ver con comodidad los monitores. Y en los monitores de pronto se vieron mis costillas y detrás de mis costillas mi corazón protegido, pero sufriendo. Me dio gusto ver mi corazón palpitando con vida y ahí también estaban mis arterías, moviéndose a ritmo asincopado. El doctor agudizó la vista y yo lo miré. Lo que vi era evidente, mis arterías se veían como rutas normales en un mapa, que de pronto cambiaban y se volvían estrechas, tan estrechas que supuse ahí había algo anormal.
-Ves aquí esto- me dijo el cardiólogo en español.- Ahora compara con lo demás.
Comprendí de inmediato el problema.
-Esto está tapado al 95 por ciento y esto a más del 90 por ciento- agregó. Pensó por un momento y de pronto me soltó algo terrible en inglés: “I must open your chest”.
-No, please. You don’t have any other solution- yo soné diferente, pues por un momento perdí la valentía.
El doctor me miró y yo le dije que “no” moviendo la cabeza, asustado.
-Déjame ver un rato- me dijo en español y salió hacia una sala continúa. Ahí lo vi charlar con dos médicos más, sé que eran médicos porque vestían de celeste, además el técnico frente a una consola o un switcher donde se veían las imágenes de los monitores parecía opinar. A los 10 minutos , el cardiólogo volvió.
-Déjame hablar en inglés porque lo que debo decir es importante- dijo Boutis. –No quiero equivocarme.
-Go ahead- dije animándolo.
Y me dijo que estaba de acuerdo conmigo. No me iba a abrir el pecho.
-I’m young, please.
- I agree with you
Para lo que el doctor iba a hacer en mi pecho, yo debía seguir al pie de la letra su consejo. Me explicó que colocaría dos stents en mis coronarías para abrir el paso, pues la sangre a ese nivel se estancaba como en un dique y eso me producía el malestar que sentía. Que una vez colocados los stents (extensors en español) tenía que tomar una medicación precisa todos los días sin olvidarme, de lo contrario en tres días estaría muerto. Los sedimentos que viajan en la sangre se podían adherir a los stents y podrían bloquear la zona. Las pastillas tenían la función de crear una capa de revestimiento que evitaba el bloqueo y las aspirinas harían mas líquida mi sangre, por lo que la misma correría mejor y más rápido.
Dije que detestaba las pastillas, pero como yo no quería morir iba a tomar las mismas.
-Sino tomas las pastillas te mueres- dijo Boutis. Vas a poder comprar las pastillas, porque son muy caras?
-Las tengo que comprar sino me muero- respondí, no sé sí en español o inglés.
-Bien, nos hemos entendido. Voy a trabajar. Este es mi colega que me va a ayudar- me dijo presentándome a un doctor, quien me dijo su nombre, pero lo olvidé.
Para mí todo lo que ocurría era sorprendente. En ese momento pensé en lo fácil que puede ser morir para todo ser humano. Hoy estas aquí y al poco rato, todo se puede esfumar, como en un acto de magia, pero esta vez sin ninguna vuelta para volver a comenzar.
Los médicos empezaron su labor. Los miraba discutir, no los oía bien. Noté que tenía dos obstrucciones más en otras zonas, pero no eran tan estrechas como las que preocuparon a los galenos. Colocaron los extensores y mientras trabajaban noté como mi artería cobraba su dimensión real, primero en un lado y luego la otra, al final del corazón yendo hacia abajo. Limpiaron las otras áreas que no tenían gran obstruccion. Sé porque Boutis y su colega me explicaron que me pusieron dos stents, una de 26 milímetros y la otra un poco más larga. Además, me limpiaron la grasa acumulada en otras áreas de la artería coronaria descendente. Comprendí que las arterías son algo así como las chimeneas, se llenan de una serie de desperdicios que deja la leña y el humo que pasa por ahí y a la que hay que limpiar de vez en cuando para evitar incendios. Con las chimeneas todo esta bien, lo puedes hacer sin problema, con el corazón es otro cantar, sino tienes los extensores todo puede ser fatal. Veinte años atrás quizás no estaría contando lo que escribo.
Dos horas aproximadamente pasaron los médicos atendiendo a mi dolido corazón.
-Juan, cuando saque la manguerita vas a sentir un ardor que pasa, no te asustes, OK?- me previno el doctor.- Lo estoy haciendo ahora dijo mientras se movía.
Caramba, era un ardor como sí te estuvieran lanzando fuego por todos los agujeros , lo sientes desde las orejas hasta el ano, pero pasa. Jamás había experimentado algo así.
La cirugía había concluído. No se lo dije, pero el doctor me dio una tremenda confianza, se notaba que sabía lo que hacía y yo lo dejé trabajar. Se lo dije entonces, se lo repito ahora, gracias. Muchas gracias.
Cuando me pasaron a otra sala, me dormí. Aquella noche la pasé en el hospital. El personal de cardiología deseaba ver cómo iba a reaccionar a la pequeña, pero riesgosa cirugía. Cuando desperté olía mal, pero no me importaba, estaba vivo. Pedí a la enfermera unos paños para mi aseo, pues llevaba tres días sin bañarme y ella me atendió en seguida. Me metí al baño y me lavé. Vi mi cara y la tenía sin razurar, cuando pasé mis dedos oí y sentí lo que asocié a esa sensación de estar vivo. Recién entonces llamé a mi casa. Hablé con mi madre y me entraron ganas de llorar. Había estado en un momento difícil y mi madre me contó que lo había sentido. “No por nada te tuve dentro de mi”, me dijo.
Aquí me tienen, agradecido a Dios por la oportunidad. Y, claro, con ganas de hacer algunas cosas.